Hemingway le enseñó a fumar puros, se casó con Anthony Mann, flirteó con Gary Cooper y protagonizó el clásico español El último cuplé. «Siempre ha parecido que tengo menos edad, por mi cutis y por unas piernas que valen un potosí»
El Club Piscis de Cantabria ha sido el primero en expresar su dolor por la muerte de Sara Montiel, miembro de este club y muy querida por su simpatía.
La gran actrizha sufrido hoy «una muerte súbita» en su casa del madrileño barrio Salamanca. Fuentes sanitarias han indicado que todo apunta a causas naturales. Una ambulancia de los servicios de emergencia acudió esta mañana al domicilio de la artista para intentar socorrerla, pero los sanitarios no pudieron hacer nada por su vida. Estrella de la pantalla y la canción,Saritísima, la primera artista española en triunfar en Hollywood, acababa de cumplir hace apenas un mes los 85 años entre el glamour, la leyenda y el exceso.
Ernest Hemingway le enseñó a fumar puros, se casó con Anthony Mann, flirteó con Gary Cooper y protagonizó el clásico españolEl último cuplé. «Siempre ha parecido que tengo menos edad, por mi cutis y por unas piernas que valen un potosí», decía ya en 1991 Maria Antonia Abad, también conocida como Sara Montiel y, para muchos, comoSaritísima. Diva del cine, de la canción, icono sexual y artístico de la cultura española e incluso musa de lokitsch,Sara Montielderrochó hasta sus últimos días una inconfundible personalidad y una admirable capacidad de autoparodia, 85 intensos años de vida que arrancaron el 10 de marzo de 1928 en Campo de Criptana (Ciudad Real).
A lo largo de su vida Sara Montiel protagonizó medio centenar de películas y pasó por los brazos de Miguel Mihura, Anthony Mann, León Felipe y Severo Ochoa. «Nací de pie, pero nací, y aunque no hubiera hechoEl último cupléhabría llegado arriba por un lado u otro -reconocía hace algunos años la artista-. Me juré no tener ningún amo, ser pájaro libre y lo he cumplido». Una promesa queSara Montielse hizo a sí misma de niña, cuando acostrumbrada a escuchar en el pueblo a sus padres, labriegos, llamar amos a sus señores decidió romper con ese destino. Le bastó su espectacular físico y su innato talento. Con su primer éxito cinematográfico,Locura de amor, a finales de los 40, una jovenSara Montielconsiguió que la gente saliese de las salas de cine diciendo «la que está buenísima es la mala», tal y como ella misma recordaba en una de sus últimas entrevistas.
La escapatoria estaba en México, donde Maria Antonia Abad pasó a serSara Montielconvirtiéndose en una de las reinas del melodrama. Pero sería en Hollywood donde impactaría internacionalmente. En la Meca del cine, la actriz se casó con el maestro delwesternAnthony Mann, deslumbró a Gary Cooper y Burt Lancaster enVeracruzy conoció a Marlon Brando. «Yo no era novia de nadie, eraSara Montieldesde un principio y trabajé muchísimo».
En su regreso a casa, en el año 1957 -época en la que rodó El último cuplé, una película que se convirtió en un éxito de taquilla y relanzó su carrera como cantante- la actriz se reencontró con la dictadura y, a su manera, se comprometió con la política. «Siempre con mis ideas por dentro y no muy calladita -indicabaMontielaños más tarde-. En el 63 ya dije que era socialista». «Ese señor del bigote no tiene ni medio polvo» fue su manera de descalificar a Aznar en 1993, haciendo campaña a favor de los socialistas. Criticó también al Gobierno en el 2011 cuando aplicó la ley antitabaco. Saritísima se veía entonces privada de una de sus grandes señas de identidad: el puro. Aprendió a fumarlos gracias al escritor estadounidense autor deEl viejo y el mary suFumando esperose convirtió en su tema más conocido como cantante. PeroSara Montielsin su puro hubiera seguido siendoSara Montiel.
Con la llegada de la democracia, en cambio, la artista manchega dejó el cine al no querer desnudarse. «Veía a Carmen Sevilla o a Nadiuska con los pechos al aire, yo tenía 43 años y estaba como un tren. Me ofrecían millonadas. Pero yo preferí que el público me recordara como era», se justificóSara Montiel. En los ochenta y los noventa, aunque se centró en la canción, su rostro se convirtió en un habitual de las revistas del corazón y programas de televisión donde exigía, según las malas lenguas, poner una media en la lente de la cámara para que no se le vieran las arrugas. Con la llegada del siglo XXI, su carácter excesivo, su atípica familia con sus hijos adoptados Thais y Zeus, y su aspecto barroco la convirtieron en una diva de lokitschy en un icono de la comunidad homosexual.
Al cumplir 80 años una triunfalSara Montielafirmaba: «No lo aparento». Y hace dos años, resumía su incombustibilidad: «Dios me está dando una salud de hierro. Tengo fuerza físicamente, conservo la voz y me muevo bien».



