La excesiva aproximación a la costa llevaba al barco a encallar, a sufrir varias vías de agua y a escorarse de forma inmediata y dramática. El resultado fue un total de 30 muertos y dos desaparecidos.
Hoy hace un año, en la noche del 13 de enero de 2012, elCosta Concordia, un crucero de 290 metros de eslora que transportaba a más de 4.000 pasajeros, realizaba una maniobra imprudente cerca de laisla de Giglio, enItalia. La excesiva aproximación a la costa llevaba al barco aencallar, a sufrir varias vías de agua y a escorarse de forma inmediata y dramática. El resultado fue un total de30 muertos y dos desaparecidos.Hoy, un año después, todavía no se sabe exactamente lo que sucedió, aunque todo apunta a que la decisión errónea la tomó el capitán, Francesco Schettno,principal imputado en el proceso que trata de depurar responsabilidades sobre lo sucedido.En todo caso, lo que aconteció aquella noche fue un cúmulo de torpezas, imprudencias y negligencias que venían de lejos y que sólo podían acabar mal. Y sobre las que aún se cierne la duda, toda vez que la caja negra del barco se averió cuatro días antes del accidente. A nadie se le ocurrió repararla.Las primeras noticias llegaron en la madrugada del 13 al 14 de enero de 2012. En un primer informe, se hablaba de tres muertos y decenas de heridos en el accidente. Al tratarse de un barco de la compañía Costa Cruceros, pronto se supo que entre el pasaje -más de 4.000 personas- viajaban españoles. Exteriores pronto informó de que no tenía constancia de que hubiera víctimas españolas. Los primeros testimonios que llegaban a LaVanguardia.com hablaban de «momentos de mucha angustia». «Todo era muy caótico y desde que les han dado el chaleco salvavidas y les han comunicado que iban a ser evacuados han pasado más de dos horas», explicaba Manuel Guallar, hermano de uno de los pasajeros delCosta Concordia.
Menos de 24 horas después del accidente, loscarabinieridetenía al capitán. Mientras, las tareas de rescate proseguían y se conocía que un ciudadano español que viajaba en el barco se encontraba desaparecido. Y se iban conociendo detalles del accidente: el barco se acercó a Giglio para realizar una maniobra ritual de saludo, un guiño al pasaje que resultó un error capital. Tras el impacto, nadie pidió socorro hasta al cabo de una hora. Y tuvieron que ser los pasajeros los que dieran el aviso de la emergencia.
En ese punto, hasta el propio presidente de Costa cruceros acusaba al capitán del naufragio. Y la acusación se cargó de razón cuando, el 17 de enero, se conoció que, en contra de lo que el mismo defendía, el capitán fue de los primeros en abandonar el barco y engañó a los equipos de salvamento para hacer creer que seguía en el crucero. La conversación entre la Capitanía marítima y Schettino, que trascendió en las páginas de Corriere della Sera fue reveladora del nivel de negligencia que se alcanzó durante momentos clave: «¿Pero cómo que ha abandonado la nave? Vuelva inmediatamente a bordo, suba por la escalera de seguridad y coordine la evacuación. Debe decirnos cuánta gente hay todavía allí: niños, mujeres, pasajeros, el número exacto de cada categoría. Comandante, es una orden, ahora mando yo. Antes ha declarado que ha abandonado el barco, vuelva a la proa y coordine el rescate porque ya hay muertos». Schettino, aun así, se defendió: «hice todo lo posible». La opinión de Jaume Ferrer, que viajaba en elCosta Concordia, era completamente diferente: «Tendrían que colgarle». Para entonces ya se sabía que había un español entre las vístimas: Jaume Gual, de 68 años, que padecía una discapacidad psíquica.
Han pasado doce meses y se han presentado múltiples demandas, también en España. Schettino parece como responsable de la tragedia, pero los tribunales todavía no han dictado sentencia. Mientras tanto, elCosta Concordiase vuelve óxido en el punto final de su viaje, aunque las tareas para retirarlo del mar prosiguen. Aún así, el barco recibe visitas: el naufragio despertó un interés morboso. Turismo de tragedia, dicen. Durante el verano existió una alta demanda -hay gente para todo- para ver los restos del barco que fue sepultura para 32 personas y drama para más de cuatro mil.



