Desde «UPyD es una mafia» hasta «No sé cuántos nos vamos a quedar, pero no afectará a nuestra actividad. La forma de irse de un partido da una idea de cómo se milita» en una información de EL MUNDO CANTABRIA
Bajan revueltas las aguas en UPyD Cantabria. A su máximo responsable actualmente en la región, Román San Emeterio-Pedraja, la salida de Joaquín Rubio la pasada semana, uno de los prebostes de la formación magenta, le cogió de vacaciones fuera de España.
Ahora dice no tener problemas en dar explicaciones, cuando se consuma una oleada de marchas –cerca de 40 de un total de 90– de militantes críticos con el rumbo del proyecto en la Comunidad. En el epicentro de la polémica, el expediente y la posterior dimisión de la edil en Santoña, María Fernanda Linares, por supuesto uso irregular de los fondos del Grupo municipal. El coordinador regional, no obstante, marca la línea: «La forma de irse de un partido también da una idea de cómo se milita», señala. ¿Qué está ocurriendo con UPyD en Cantabria? El portavoz inicia su alocución detallando el proceso al que ha estado sometida Linares.
«El segundo concejal en el municipio indica a la gestora que puede haber irregularidades en la administración de los fondos, así como temas menores de funcionamiento del Grupo, y se da parte a Madrid para que inicie una instrucción. El expediente informativo, listo el 1de julio, concluye que hay indicios de lo denunciado. El 1 de agosto se inicia un proceso disciplinario con suspensión cautelar de militancia.
Este procedimiento no estaba concluido y Linares ha decidido no esperar y marcharse antes de tiempo», explica. San Emeterio-Pedraja huye de la teoría de que el partido esté quebrado en dos bandos. Matiza que oficialmente solo ha habido seis salidas de afiliados y defiende que la formación «está más fuerte que nunca. Otra cosa es que haya diferencias entre militantes. Pero el mensaje de UPyD es el mismo en toda España.
Ha existido una divergencia sobre la forma de expandirse en Cantabria. Creo que ha habido gente ansiosa por tener cuotas de poder, algo que no está dentro de nuestra idea. No tenemos prisa, igual que carecemos de problemas a la hora de prescindir de un cargo público si no actúa de forma correcta», dice.
En este sentido, precisa que no tiene «ninguna queja» de la labor municipal de Linares, sino en el funcionamiento del Grupo. Respecto a la presunta dicotomía oficialismo-sector crítico, recuerda que «la gestora es un órgano interino tras el empate de dos proyectos en las primarias. En enero o en febrero vamos a tener elecciones sí o sí, por ello ahora seguimos en una segunda gestora. Para no celebrar comicios de forma inmediata y repetirlos a comienzos de 2014».
Pese a negar grietas en la nave magenta, el coordinador analiza la catarata de bajas de militantes afines a Linares y a la denominada facción rebelde. «Está todo dicho cuando apoyan a una concejala expedientada por uso irregular de fondos del grupo municipal. No sé muy biencuántos nos vamos a quedar, pero puedo asegurar que el funcionamiento ordinario del partido no se va a ver muy afectado porque estamos acostumbrados a hacerlo todo entre unos pocos», analiza.
«Personalismos»El portavoz también responde a las denuncias de personalismos que Joaquín Rubio vertió tras su despedida. «Hombre, reconozco que me ha sorprendido, aunque yo creo que la forma en que se marchó él no pudo ser más ultrapersonalista y buscando protagonismo. Lo que no intentaría nunca es hacer daño a algo que creo que es necesario», reprueba, aunque también rompe con el mensaje político habitual. «Lo que pedimos, sabemos que es difícil, es que a UPyD no se le mire bajo el mismo prisma que al resto de formaciones, pues no tenemos el mismo funcionamiento que otras siglas tradicionales», argumenta. ¿Pasará factura esta guerra civil en las urnas? «No. UPyD sigue creciendo en toda España y Cantabria no va a ser una excepción. Podemos entrar en el Parlamento», dice.
Carrancio, exresponsable del Consejo Local de Santander, dice que el fondo del asunto son las primarias de inicios de 2014
Mientras los portavoces de Unión Progreso y Democracia (UPyD) en Cantabria se afanan en defender la unidad del proyecto y la ausencia de fisuras, los militantes que han decidido salir de la formación magenta, unos 40 según sus cálculos, lo tienen claro. «UPyD es una mafia». La aseveración la realiza Juan Ramón Carrancio, que se define como portavoz del partido en Santander y responsable del Consejo Local de la capital. Hasta esta semana. Ya está fuera del proyecto.
Con cierta desilusión en su tono de voz, Carrancio explica que «muchos de los que nos vamos nunca habíamos militado en un partido y teníamos mucha esperanza en UPyD. Una vez dentrote das cuenta que esto es una mafia y un chiringuito para sostener a Rosa Díez y sus amigos en Madrid y colocar a sus conocidos en las autonomías», censura.
El exafiliado relata que el ambiente en el seno del partido «estaba muy enrarecido, con denuncias cruzadas». Cuestionado por el expediente a la exedil de Santoña, María Fernanda Linares, se revuelve: «Han ido a por ella. No vamos a permitir que la pongan a los pies de los caballos tachándola de corrupta cuando tenemos constancia de que eso no es así. Es algo personal», asevera.
En cambio, alude a cierto trato de favor cuando se trata de representantes del oficialismo. «Denunciamos a María Jesús Gurpegui por el uso torticero del censo y un año después no se le abrió expediente.A Linares, por contra, le inician un procedimiento por unas cuentas de 2011 aprobadas por el partido en un primer momento y por unos hechos que, según nuestro reglamento, están prescritos», argumenta. En el fondo, según Carrancio, las primarias de 2014. «Sabían que el sector crítico tenía más apoyos y nos han intentado cortar las alas. Como dato llamativo resulta que más de 20 personas llevan un año aguardando para poder ser militantes sin que se aprobase su acceso, lo cual resulta llamativo cuando se supone que nos financiamos con ingresos propios», describe.
Con este escenario, «la decepción es total». «No respetan las reglas e iban a tumbar a quien hiciese falta, como ha pasado con Linares», lamenta, para reprobar la falta de comunicación entre agrupaciones. «No conocíamos a la gente de Torrelavega», ejemplifica.


