¿Es lógico entonces dejar de vacunar? Todo parece indicar que no. De hecho, la OMS y la EMA siguen apostando por seguir con la vacunación y aprovechar cada vacuna disponible.
Cuandoparecía que la vacunación iba a adquirir un fuerte impulso con el desembarco de la vacuna monodosis de Janssen en Europa,la crisis de las trombosis graves vuelve a hacer acto de presenciatras lasuspensión del suero de Johnson & Johnson en Estados Unidos.
De casi 7 millones de inoculaciones con la vacuna monodosis, 6 trombos graves (uno de ellos con resultado mortal) han bastado para quela FDA pise el freno con esta vacunay se suspenda su administración temporalmente hasta estudiar los casos.
Guillermo López Lluch, catedrático del área de Biología celular e Investigador del Centro Andaluz de Biología del desarrollo, explica en su artículo en ‘The Conversation’ el error que supone dejar de vacunar y ofrece cifras y datos para defender la vacunación contra el coronavirus.
Destaca quelos casos de trombosis reportadas en todo el mundo hasta la fecha representan el 0,000066% en el caso de Vaxzevria (AstraZeneca) y un 0,0008% en el caso de la vacuna de Janssen.Destaca que en cualquier prospecto de un medicamento, los efectos adversos por debajo de 1 caso por cada 10.000, que se traduce en el 0,01%, se consideran muy raros. En la vacuna de AstraZeneca la probabilidad de trombosis grave es de 1 por cada 100.000, lo que esmucho más raro que en otro tipo de medicinas más corrientesy que tomamos de manera habitual.
La trombosis o trombocitopenia asociada a una reducción de plaquetas, como las que se están registrando en algunas personas después de recibir la vacuna, se produce por causas desconocidas, señala López, pero queya se ha asociado con múltiples enfermedades víricas e incluso a fármacos.
Subraya que este tipo de trombos se ha ligado a enfermedades víricas como el Dengue, el Zika, la Hepatitis A o C, el SARS e incluso con el propio coronavirus(SARS-Cov-2).También se han relacionado con varios fármacos como la heparina, la vancomicina o el Rizaben,entre otros muchos.
El investigador lanza la pregunta de si es posible que dos vacunas que utilizan dos virus diferentes produzcan la misma respuesta en unas pocas personas entre millones de ellas o si la causa de los daños es otra. Tiene claro que el problema radica en el sistema inmunitario del paciente.Indica que si fuese algún componente de dichas vacunas lo que generase la trombosis, habría muchos más casos.
Otro dato para reflexionar que aporta, es que desde que se implementó la vacunación, ha quedado demostrado quese ha reducido en un 95% los casos graves de coronavirus y las hospitalizaciones, por no hablar dela disminución de la mortalidad en los mayores de 80 añosy de los ancianos de las residencias; los grupos más vulnerables al virus.¿Es lógico entonces dejar de vacunar? Todo parece indicar que no.De hecho, la OMS y la EMA siguen apostando por seguir con la vacunación y aprovechar cada vacuna disponible.


