Otro más, desde su inicio con los primeros anuncios de promoción en la Gaceta de Madrid no se ha parado. El paisanaje y su hábitos de comportamiento se han modificado sustancialmente mientras el paisaje continúa soportando la acción humana con menos lluvia de la que a los STV nos gusta, mientras que otras cosas se repitan como las mareas sobre la «Machina», caso de nuestros entrañables Papardos que en su decadente ridículo se creen influyentes mientras les entrevista el medio amigo, la lánguida y centenaria institución cultural santanderina les permite el aposento para que «aporten soluciones» y de paso se auto otorgan alguna distinción. Todo ello entre la indiferencia e hilaridad del paisanaje, aunque ellos, los papardos, no se enteran.
Volvieron las inevitables y caducas casetas a la Semana Grande santanderina, lo mismo que las alcanforadas representaciones de los Baños de Ola, sin que faltase el sintético Mercado Romano ( lo mismo que podía ser de Algeciras) y la cosa esa de las hamburguesas. También caracterizó el verano la ocupación callejera que los festejos propiciaron, lo cual evidenció lo marranos que son muchos semovientes capitalinos.
Se inauguró, por fin, Piquío, después de un retraso incompetente y un desfase presupuestario irrespetuoso con los ciudadanos. Lo cierto y verdad es que visto el resultado cabe preguntarse la razón por la que se destrozó sin el menor respeto la Plaza de Italia. Con todo fue desopilante el bulo para dedicar Piquío a los «Pitufos» en donde la respuesta de la gente es de gravedad política : muchos se lo tomaron en serio, creían al Ayuntamiento capaz de hacerlo, lo cual es políticamente peligroso para sus gobernantes pues les creen capaces de ejecutar semejante melonada.
Se ha movido este verano de 2026 la UIMP, después de unos años de decadencia ha activado su programación en lo cuantitativo, que en lo cualitativo es otra cosa, sobre todo por la línea política que el levitante nuevo Rector ha impuesto, pues no interviene nadie medianamente crítico con el criterio político de su partido, eso si, con mucho aparato superficial, en donde lo único que se puede echar en falta es algún seminario sobre OKUDA u Orallo para analizar su influencia interplanetaria en las artes plásticas y… por supuesto, presentado ello por los desgastados y engrasados caretos institucionales.
Lo que está experimentando una muy favorable evolución es el Festival Internacional de Santander, FIS, que aporta una programación con actividades de calidad para un Festival tan necesitado de mejora, después de la penosa situación en que lo dejó la anterior Directora, al nivel de un concurso de tunas en Villatempujo,
Quienes siguen contumaces en su profundo sectarismo ideológico son los organizadores de FELISA, la feria del Libro que el Equipo de Gobierno santanderina pone en manos de una extrema izquierda que no defrauda. Diseñó una programación en donde la pluralidad ideológica desapareció, tanto en actuaciones como en presentaciones y la presencia de la ultra izquierda ha sido hegemónica, todo ello puesto en sus manos y costeado con el dinero de todos los santanderinos, que han asistido al pariré cocinado por el organizador de la Feria y los «espontáneos Manifa» a cuenta del libro de Barnatán.
Continuando con este asunto de libros está la Feria del Libro Viejo que lleva años funcionando muy bien en su aspecto comercial, pues las actividades programadas bien podrían cambiar a los protagonistas oxidados que año tras año, desde una auto otorgada superioridad moral repiten contumaces los mismos lugares comunes con ínfulas de intelectuales orgánicos.
Parece definitivamente asentada la temporada de jazzísticas co unos carteles más que notables y que este VIII Festival consolidó, ofreciendo calidad a las actividades veraniegas lo cual está siempre bien.
Cosas singulares también hemos tenido, caso de la intervención del TSJC permitiendo que la Feria Taurina se celebrase, después del periplo judicial desatado por aquello de la adjudicación.
Donde hubo tranquilidad fue en la procesión marítima de El Carmen, celebrada sin los sobresaltos pasados, pues lo pescadores dieron sensación de estar más contenidos.
Fenómeno relevante de amplia repercusión fue el eclipse que provocó diversas emociones entre los que pudieron disfrutarlo y en donde ningún político trató de apropiárselo.
Cuestiones aparte lo que resulta deprimente es pasarse por nuestras playas, esa Magdalena con lo restos del mamotreto y los inconclusos espigones, mientras que el Sardinero, el más potente activo turístico de la Ciudad tiene los arenales sin distribuir adecuadamente, colmados en algunas zonas y escasos en otras, lo que impide mostrar todas las posibilidades que como playa urbana tiene, con el REMA ahí plantado degradando el escenario , por mucho que se pretenda distraer presentando una irreal propuesta de utilización, además de una suciedad ya constante y a lo que algunos no nos resignamos.
Lo que llama la atención es que en pleno agosto se inicien obras en el Sardinero pues lo primero que hicieron fue eliminar aparcamientos, mientras se trataba de distraer con la propuesta del aparcamiento subterráneo en la Cañía, liebre mecánica que no soluciona nada, ello en lugar de afrontar una solución definitiva mediante colaboración público / privada con tres grandes subterráneos : El propio de la Cañía, otro en el Camello y un tercero en el aparcamiento de la Segunda. Aunque para esto haga falta capacidad y visión de futuro.
Lo mejor de este verano de 2026 ha sido la afluencia de personas que en el ejercicio de su libérrima voluntad han visitados Santander y han pastoreados la Ciudad con los mismo derechos que nosotros los STV. Han transitado, disfrutado del paisaje, del paisanaje vayamos a saber, han gastado su dinero, han empujado la industria turística de un sector que supone el trece por ciento del PIB y dado beneficios a las empresas, beneficios que el Estado Onnipotente se encarga posteriormente de arrebatarles.





