Un grupo de asociaciones vecinales de Santander ha decidido alzar la voz de forma conjunta ante el progresivo deterioro de la convivencia y la calidad de vida en la ciudad. Bajo una severa llamada de atención —«Santander está enferma»—, las entidades han difundido un manifiesto ciudadano para frenar la deriva de una capital que consideran cada vez más sucia, ruidosa, desordenada y marcada por el consumo masivo de alcohol en la vía pública, los orines, la basura y los actos vandálicos.
Los colectivos firmantes advierten de que los episodios de incivismo e inseguridad no responden a problemas puntuales del verano, sino a una crisis estructural derivada de la inacción institucional y de un modelo que ha primado la cantidad de visitantes por encima del bienestar de los residentes. «Cada noche se repite el mismo escenario y cada mañana quedan sus consecuencias: calles convertidas en espacios de consumo de alcohol, ruido hasta la madrugada, cristales y vecinos que no pueden descansar», critican abiertamente.
Pasividad municipal ante el incumplimiento de ordenanzas
Uno de los puntos más críticos de la denuncia recae sobre la gestión de la alcaldesa Gema Igual y su equipo de gobierno. Los vecinos recuerdan que Santander dispone de normativas vigentes sobre convivencia, ruidos, ocupación del espacio público y botellón. Sin embargo, denuncian que la falta de autoridad y de celo en su cumplimiento efectivo lanza el «peligroso mensaje de que en determinadas épocas del año todo vale».
Los colectivos aclaran que la iniciativa no busca confrontar con el sector turístico —al que reconocen su aportación económica—, pero exigen que no se construya «contra la ciudad que lo acoge». En este sentido, reclaman un cambio de rumbo hacia una economía más diversa, un mantenimiento adecuado de los barrios, la protección del patrimonio local y medidas contundentes de renaturalización urbana y fomento del transporte público.
Un frente común para cambiar el rumbo
Lo que comenzó como una protesta en varios barrios saturados se ha convertido en una movilización transversal de ámbito municipal. Las asociaciones vecinales han abierto esta plataforma a otras entidades, colectivos sociales y ciudadanos a título individual con el objetivo de elevar propuestas concretas al Consistorio y forzar una rectificación.
«No nos resignamos a aceptar esta deriva como inevitable; Santander se nos está escapando entre las manos, pero todavía estamos a tiempo de recuperarla», concluyen los organizadores, decididos a devolver el orden, la limpieza y la tranquilidad a las calles de la capital cántabra.




