Infiltrado y con dos mangas abajo, ganó la tercera para honrar al tenis y al público, que disfrutó de una dramática final que se llevó el suizo Wawrinka en el cuarto (6-3, 6-2, 3-6, 6-3).
Los héroes pueden alcanzar su título sin necesariamente alcanzar la gloria, porque el tesón y la lucha son, en ocasiones, virtudes suficientes para merecer tal honor.Rafa Nadalcayó en la búsqueda de su decimocuarto Grand Slam en elOpen de Australia, pero lo hizo con honores, como un héroe. Lesionado en el segundo set en la espalda, nunca arrojaría la toalla. Infiltrado y con dos mangas abajo, ganó la tercera para honrar al tenis y al público, que disfrutó de una dramática final que se llevó el suizoWawrinkaen el cuarto (6-3, 6-2, 3-6, 6-3).Nadal nunca pudo ser superior a su rival. Ni cuando el físico le respetó fue capaz de superar a un rival en estado de gracia. Soñaba el balear con igualar a Sampras con 14 Grand Slams. Pero esta no era su tarde. Además de un Wawrinka en el mejor momento de su vida, una lesión le hizo jugar caminando desde el segundo set.Antes pasó por la pista central del Open de Australia un ciclón suizo. Con un 100% de puntos ganados con el primer saque, y con sus golpes planos al fondo la pista fue desquiciando a Nadal, totalmente impotente ante tal exhibición. Apretaba los dientes el de Manacor, aguardando su oportunidad.Wawrinka se adelantó con un break en el cuarto juego. Ni con su saque era capaz Nadal de dominar al suizo, desatado desde el principio. Tuvo que aguardar hasta el noveno para disfrutar de su primera bola de rotura pero, las tres que tuvo el mallorquín, las levantó el suizo para llevarse el primer set.El segundo comenzó igual de mal para Nadal, que no encontraba la forma de echarle el diente. Cuando la distancia empezaba a ser insalvable, los problemas fueron a más. Un pinchazo en la espalda dejó clavado en la pista al mallorquín. Durante unos minutos se retiró de la pista para infiltrase y frenar un poco el dolor, mientras su contrincante reclamaba al juez de silla en la pista.A su regreso Nadal seguía sin poder moverse. Sufría en cada movimiento lateral y golpear la pelota era casi una odisea. El segundo set pasó volando a favor del suizo. Pero la anestesia comenzó a hacer efecto. Y sobre todo el suizo perdió su fiereza de golpe. De pronto el partido era lento pero dramático, deslucido pero emocionante. El número uno del mundo empezaba a meter bolas en la pista y lo puntos empezaban a caer de su lado. Tanto así que fue capaz de llevarse el tercer set para delirio de la grada.Una vez más Nadal demostraba que para ganarle no bastaba con jugar bien al tenis. El suizo debía sufrir ante un jugador mermado por una lesión, pero con un coraje interminable. En el cuarto Nadal intentó resistir en la pista lo máximo posible. Sus movimientos eran cada vez más antinaturales. La lesión comenzaba a castigarle en exceso y ya debía seleccionar las bolas a las que correr. Cualquier gramo de energía podía ser necesario en el futuro más inmediato.


