Durante más de cincuenta años, según confesaba, ejerció “apasionadamente” su profesión.
CuquisMateo no era filósofo ni teólogo, como expresamente reconoce en su segundo libro poético, “Alrededor de la muralla” (2010), apéndice del titulado “Sosteniendo la Esperanza” (2005), sino abogado.
Al releerle, una sola vez he sorprendido decepción. Casi al final de“La ceniza en los labios” (2005, pág. 173) aunque repite que ha dado la vida al ejercicio del Derecho, pero confiesa que ya no siente una fe que ya no profesa y tenía una esperanza que no tiene y que siente la necesidad de “romper ese espejo de injusticias” y desligarse de ataduras jurídicas“para soñar con la libertad y la belleza de un orden que no se fundamente sólo en la razón -sustentadora del poder y la servidumbre de los hombres- que se oriente también por la piedad y que nunca pueda estar tutelado por quienes, a veces, infieles a la Justicia, hacen de la Jurisdicción tronos de vanidad y asiento de apetitos personales”.
Su despacho estuvo, en el centro de Santander, en Rualasal, 1.
El día en que murió me llegó la noticia cuando yo estaba en el tren yendo a Madrid. Falleció el 19 de octubre de 2019 en Santander a la edad de cien años. Lo sentí. Me solía llamar de vez en cuando desde su casa cuando ya salía menos, hasta que se cansaba o se sentía mal. Y entonces interrumpía sus llamadas de pronto, pero siempre disculpándose.
Mateo era fino, brillante y preciso en las conversaciones. Se ve, sí, que me tenía entre sus amigos y le importaba mi opinión. Figuro entre las personas a quienes dedicó uno de sus poemas sin título (pág. 108). En él me recuerda que“moriré solo con mi muerte/como todos los mortales” ignorando cómo y cuándo y señalando que“la muerte solo es silencio/sin el auxilio de nadie”, desierto oscuro y grande, por lo que la vida, aliento enamorado, puede honrarme si con humildad la acepto “hasta que la luz acabe”. Al final, como tantas veces, se pregunta por el morir y responde desoladamente: “es la nada/de una espera interminable”.
Mateo se licenció en Derecho por la Universidad de Oviedo. En 1945 se incorporó al Colegio de Abogados de Santander y años después también lo hizo en los colegios de Madrid y Burgos.
En 1962 acabó el doctorado en la Universidad de Valladolid y ya empezó a dedicarse plenamente a la abogacía con su despacho en donde se formaron varios abogados. Casi una treintena de ellos se curtieron allí, entre ellos Benito Huerta, Nobel Carral, Guillermo Simón Altuna y Federico Peña.
Pero hablaré un poco más de su poesía. Su primer poemario publicado fue “La ceniza en los labios” (2005) y el segundo, el ya mencionado de“Sosteniendo la esperanza” (2005). Y en 2016 también publicó una antología con una tirada muy corta para amigos. He vuelto a releer los tres despacio. Sin duda, a pesar de dudas o de muy personales interpretaciones, es incuestionable su legado poético-religioso. Afirma en el subtítulo de su última obra -que también me dedicó- “cuanto puedo dejar de mí: sólo preguntas”. Él pregunta, repregunta, insiste (a veces con angustiosa reiteración) sobre el significado de su existencia y acerca de su perdurabilidad. ¿Son preguntas unamunianas como escribí en alguna parte?. Versos metafísicos, muy humanos.
Siempre insiste con inquietud en preguntarse si “la esperanza será solo un sueño del hombre sostenido inocentemente por el temor a la Nada”. Obsesionante oración, duda o lo que denomina “desvaríos de creyente”.
Por la calle Reina Victoria le solía encontrar paseando, solitario. Un día me invitó en su casa para tomar una copa y conversar más. Era pundonoroso y frugal. Como era muy sobrio, tardó algo en volver con un brandy.
Además de dedicarse de lleno a su profesión, Mateo tuvo tiempo de dedicarse a la repoblación forestal y al cultivo en el campo. Fue comprando fincas y ordenaba la cuidadosa plantación de árboles.
Su objetivo era preservar la naturaleza y el espíritu cultural y su obra con los poemarios. “Promover la vida“, decía, “defendiendo la naturaleza y el medio ambiente“. Así tiene asignada también su finca de Castañeda con arbolado enel Carmen, Santibáñez, y otras casas. La universidad tiene, por cierto, la opción de seguir su desarrollo.
Fue muy viajero. Iba por razones familiares a Méjico, también estuvo en Cuba y en Estados Unidos. Enamorado sobre todo de Cantabria, recorrió asimismo muchos lugares de España y tenía amigos del ámbito jurídico en casi todos los sitios.
Fue presidente de la “Fundación Cultural Eusebio Gómez-Justina Berdía”. Creada en 1997 para el acercamiento de las últimas tecnologías de la informática y la comunicación al mayor número posible de los habitantes del Real Valle de Cayón.
Con el alcalde de Santa María de Cayón, Gastón Gómez, se rubricó ante notario su generosa cesión del inmueble conocido como “El Molino de Torrentero“, a favor del Ayuntamiento de esta localidad.
Describió la hermosa casa de cuadrada planta, con dinteles y cornisas de piedra tallada e inmediato molino de tres piedras, al que llegaban las aguas del río Parayas por una acequia. Ver las caudalosas aguas por el lateral, lo considera “impresionante ygozoso espectáculo”. Y confiesa que no quiso ganancias sino sueños describiendo cómo lo compró a doña Rosario de la Mora e hijos, que lo habían heredado de un abogado, dueño del Señorío, a quien llamaban“el señor de Torrentero”.
Calificó la posesión como la más admirable y codiciada de toda la comarca que valía una fortuna), la finca (“llanura de extensas praderas reverdecidas”). Aparte del legado en vida, segregada, ha quedado para dar apoyo al Centro Cultural y a la universidad de Cantabria.
¿Abogado comprometido con la política Mateo?. Lo fue hasta cierto punto. Diputado a Cortes en la legislatura 1982-86 en el Grupo Parlamentario Popular, luego formó parte de la Comisión de Justicia del Congreso de los Diputados. Fue también presidente de Alianza Popular en Cantabria. Pero no me detendré mucho en ese campo. El antecedente fue anterior cuando a mediados de los años 50, se generó la opción conservadora para la Diputación con Pedro Escalante. Y no movió un dedo para imponerse, pero sí expresó su interés en formular una buena ordenación del territorio y crear una escuela de dirigentes municipales. Posteriormente mantuvo buena relación con Juan Hormaechea, pero no cedió ante discrepancias en la conducción del famoso pleito que llevó a su inhabilitación y entonces renunció formalmente a su defensa.
Es una pena que no se conserven susMemorias, pero al parecer mandó destruirlas a su fiel secretaria. Con una destacada sensibilidad poética, supo encontrar tiempo para dedicarse a la literatura. Autor de una obra dramática inédita, se le mencionó en los primeros números de ‘Proel’ y en ‘PeñaLabra’. También participó recitando los versos del CD titulado ‘Algunospoemas’, producido y diseñado porInés Fonseca.
En fin, creo que al margen de sus actuaciones jurídicas, lo verdaderamente sobresaliente fue su empeño en construir sus poemarios. Así debió pensarlo Ricardo Gullón, de auien dice en el poema “Confesióndeamor” (Antología pág. 147) que le dedica, que le recomendaba “dejarlo todo para dedicarse solamente a leer y escribir poesía”. Poesía que el propio abogado poeta autodefine como“grito humilde y rebelde del hombre para llamar a Dios”, y “singular presencia de Belleza que en la inocencia del Ser crea la palabra”. Confiesa que solo con la poesía ha logrado él “acercarse a la presencia del Misterio porque en algunos poemas además de belleza está el estremecido temblor de esa presencia.” La siente a veces con angustia como ausencia o torna con nostalgia a la fe de sus sentimientos de infancia. De orfandad por haber perdido la amorosa mirada paterna.


