Título: “LOST LETTERS”
Presentación: LUCÍA LACARRA
Género: Danza
Coreografía: MATTHEW GOLDING
Música: SERGÉI RACHMANINOV y MAX RICHTER
Director cine: MATTEHEW GOLDING y EKAIN ALBITE
Intérpretes: LUCÍA LACARRA, ACTUADO DE PAREJA MATTHEW GOLDING Y CUERPO DE BAILE
Crítica: La más internacional, en la actualidad de las bailarinas clásicas española, Lucía Lacarra, vuelve con su pareja, tanto de vida, como en los escenarios; junto al ballet que lleva por título el nombre de la estrella española de la danza. A lo que hay que unir de nuevo el cine como única escenografía.
Esto último nos obliga a comentar sobre la última vez, que tanto Lucía como Matthew, estuvieron en el Palacio de Festivales, que usaron el cine, un documental, expuesto en partes diferenciadas, con ellos bailando en parajes, por cierto muy bonitos. Pero mientras ellos descansaban en realidad. Esto no gusto al público que se sintió defraudado.
En esta ocasión en la puesta en escena de la coreografía, “Lost Letters”, por cierto original y ópera prima de Matthew Golding, además de los elementos fílmicos anteriores, rodados en bellos lugares del País Vasco, de donde es natural Lucía Lacarra, no interfiere con lo desarrollado en el escenario, dado que hay un ballet de ocho bailarines junto a la pareja.
Está basado en un tema muy concreto, la guerra, específicamente en las cartas de soldados de la Primera Guerra Mundial mandadas desde el frente. En una perfecta traducción coreográfica, que a pesar de ser la primera de su autor, nos llega cargada de fuerza dramática. Con una estética conmovedora, va desarrollando la tragedia en forma de una muy creada iniciativa descriptiva, a través de la danza, algunas veces acompañado de la grandeza de las imágenes del cine. En 70 minutos apasionantes, en un espectáculo de danza, sobre todo desarrollado en torno a la figura de la extraordinaria bailarina vasca, para en el que el coreógrafo canadiense se queda con el desarrollo del dibujo del personaje creador del drama. En este sentido, bien elegidos los temas musicales de los compositores, Rachmaninov y Richter.
El único pero a la obra coreográfica es el mayor protagonismo, en muchas oportunidades de las imágenes, ante una compañía corta para enfrentarse al audiovisual.



