Los británicos han sido verdaderos maestros en tomar en vano el nombre de la libertad
Elvira RocaBarea(Imperiofobia y leyenda negrayFracasología)habla de España de manera directa y conunapasión no disimuladaque saca de quicio anuestraizquierdamás recalcitrante,instaladadurante generacionesen losviejostópicosdedicados aEspañade decadencia,oscurantismo,fracasoy anomalía.
Hace pocoasistimosa una campaña de descréditoiniciadacontrala profesoraRocapor el diarioEl País,que pretendía desautorizar su tesis de que muchos de los problemas de España tienen su origen en la actitud servil desusélites,que renegaron de su país llevadas de unaridículaadmiración hacia todo lo exterior. Lo novedoso de España,sostiene Elvira,no es que fuera víctima de una leyenda negra -todos los imperios las padecieron- sino que sus élites la asumieran, se la creyeran e incluso la vengan transmitiendo sin contemplaciones a las nuevas generaciones de españoles.
La izquierda no puedecon ella.En su último ensayorecoge, por ejemplo, que porcontraste a la situacióneconómica, social y culturalen la que se encontraban los territorios de habla hispanaen la fecha deladeclaración de independenciaocurrida entre 1808 y 1824, la renta per cápita de la India bajo la dominación británica no subió un solo chelín en el periodo que va desde 1757 a 1947.
Sin embargo,por contraposicióna esa realidad,los británicos han sido verdaderos maestros en tomar en vano el nombre de la libertad. El libre mercado, dice la autora,ha sidoutilizado en no pocas ocasiones como mecanismoideológico destinado a convencer alosincautos de que no protejan sus fronteraspara quemisproductos puedan competir con lossuyosen su propiomercado,pero no al revés.Lo mismoocurrecon la libertad religiosaque exigen algunasconfesionesen España pero que no predican en sus lugares de origen con las demás.Sucedetambiéncon la libertad de prensa,algunas decuyas leyes, leídas despacio, son enrealidad normas de censura. Y así podíamos seguir.
Todolo anteriorviene a propósito del último enfrentamiento entreTwitter y el presidente de Estados Unidos, que ha vistocomo la red social ocultaba–y no es la primera vez-uno de sus tweets por «incumplir lasnormasrelativas aglorificar la violencia».La reacción de Trump no se ha hecho esperar y ha retirado a Twiterla protección de que gozan los sitios web para censurar los contenidosde sus propias plataformaspresuponiendo queactúancon neutralidad,cuando en la práctica todos sabemos que controlan, y de quémanera,el discurso.
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