De la reforma del sistema tributario español, cabe adelantar ya una conclusión inmediata: la carga fiscal que soportarán los españoles no baja, si acaso sube. Un articulo de Juan Ramón Rallo
Conocido el informe de la «Comisión de expertos para la reforma del sistema tributario español», cabe adelantar ya una conclusión inmediata: la carga fiscal que soportarán los españoles no baja, si acaso sube. El propio dictamen es taxativo a este respecto: «La reforma tributaria en ningún caso puede erosionar gravemente la capacidad recaudatoria de nuestros impuestos».
Acabáramos. Un poco de sinceridad al menos, después de tantas mascaradas. el objetivo de esta pantomima nunca, nunca, nunca fue bajar los impuestos. Al contrario, como muchos ya denunciábamos, su único y genuino propósito fue escenificar un sainete para consolidar y apuntalar el infierno fiscal que al alimón han instaurado en España Zapatero y Rajoy, Salgado y Montoro.
A la postre, los propios números de la Comisión son más que explícitos: la reforma pretende reducir la tributación directa (IRPF, Sociedades, Patrimonio, Sucesiones y Donaciones) en unos 10.000 millones de euros (el 1% del PIB) a cambio de elevar la tributación indirecta (IVA y Especiales) en otros 10.000 millones de euros. Resultado fiscal «neutro», dicen; en román paladino: «no hay más yesca que la que arde» o «con estos bueyes de ahora nos tocará arar».
Sucede que, cuando uno le agarra la mano a Dante para descender a las tripas infernales de esta propuesta de reforma fiscal, termina del todo convencido de que la tributación indirecta desde luego sí sube, pero no tiene del todo claro que la directa descienda apreciablemente. No en vano, Montoro ya ha sido bastante explícito en numerosas ocasiones al advertir que esta contrarreforma se orientaría a incrementar la recaudación, y ya sabemos que el ministro de Hacienda sólo conoce un método para hacerlo: apretarles todavía más las tuercas a los sufridos contribuyentes.


