La muerte de Juana ha tenido un importante efecto de sentimiento en Torrelavega, razón por la cual la familia ha convocado este acto religioso para recordar su vida y vinculación a la ciudad.
«Juana era amiga de todo el mundo. Cercana en sus palabras, siempre con una sonrisa y una palabra amable, luchadora incansable y defensora de la verdad. Quienes la conocían por temas profesionales al final la querían como amiga, porque era una buena persona y cuando alguien vive con la mente tranquila, creyendo en la verdad y luchando por aquello en lo que cree, al final quieres estar a su lado.Las grandes personas se recuerdan siempre con una sonrisa. Recientemente le preguntaban a José Luis Sampedro que cómo quería que lo recordasen y él, con una sonrisa, decía que como una buena persona, por eso a ella, la recordamos con una sonrisa.No es fácil escribir en estos momentos sobre ella, lo suyo sí que es una historia de vida. Una historia de una luchadora, una amiga leal y una fiel compañera. Definir a una mujer tan libre, una mujer que vivía con tantas ansias, es hablar de vida.Ni un solo minuto dejó de vivir y de su ansia, de su ilusión, contagiaba a todos los que la rodeamos. Hoy, como siempre, podemos estar orgullosos de haberla conocido, de que nos haya impregnado de su ilusión, de su alegría, de su ansia. De haber aprendido con ella.Quien conociera a Juana no podía sino admirarla, y escucharla con atención, mientras aprendías de sus inquietas palabras.Conocida profesionalmente por muchos y reconocida como una de las arqueólogas más importantes de Huelva, amaba su trabajo y lo demostraba cada vez que hablaba de sus investigaciones arqueológicas. La más importante la de Saltés, para muchos desconocida hasta que ella puso en nuestras manos la historia de nuestros orígenes. Lo mejor era la manera que tenía de desgranar las vidas de las personas que habían vivido allí, tal parecía que había pasado muchas horas con ellos, escuchando y compartiendo sus cotidianeidades, porque Juana era fundamentalmente pasión, pasión por las cosas que merecían la pena y también por las cosas pequeñas, que al fin y al cabo son las mismas.Y esa pasión la trasladó a su más de media vida: su museo. Un museo que convirtió en un lugar de encuentro para todos. Todo el mundo la recordará trabajando como uno y apoyando a todos los que formaban parte de su equipo. Acercó a los niños a esta institución que llevaba muchos años siendo un lugar serio y aburrido. Consiguió algo inimaginable: que el museo fuera de todos y que entrase la luz dentro de sus salas. Y lo hizo en momentos difíciles, cuando tenía que primar la imaginación y el buen hacer sobre la capacidad económica, abriendo las puertas de un edificio que sin ella seguramente hubiera sido un lugar donde se guardaban trozos de historia sin sentido. Acercó la historia a la ciudadanía…. nuestra Historia, con mayúsculas. Además, abrió el museo a otros mundos, de hoy, contemporáneos, montando exposiciones que nos acercaban a otra forma de ver la vida.Huelva le debe mucho a Juana, a una torrelaveguense que llegó a nuestra provincia para decirnos que teníamos mucho patrimonio que poner en valor. Aquí llegó, hace treinta años, para trabajar junto a Fernández Jurado en las excavaciones de San Bartolomé en Almonte. Y se quedó. Afortunados nosotros de que decidiera hacerlo. A los diez años de su adopción, ya dirigía el museo. Al que dio una y mil vueltas, al que sacudió para encontrar entre sus cajas todos nuestros tesoros, al que acercó a la ciudad y al que llevó a los niños.El Museo Provincial de Huelva era Juana, eso lo sabe cualquiera que lo haya visitado. Y ella no ha dejado huella en él, ella nos lo ha dejado entero, con más visitas que nunca y peleando, como ella sabía hacer, hasta el final porque se apostara por él y se invirtiera. Soñaba con un Museo exclusivamente arqueológico, y el día que consigamos tenerlo, su nombre deberá bautizarlo.Lo cierto es que, al final, siempre nos queda la duda de si le hemos dicho todo lo que pensábamos sobre ella. Si no es así, está claro que ella lo veía en nuestros ojos, en un parpadeo, y seguía sonriendo encantada mientras te enseñaba la sala de arqueología de su museo, que era la casa que se había hecho en Huelva a su medida.Era generosa, como profesional y como amiga, y así hablan todos y todas las que la conocimos. Amante de la vida, conversadora incansable, siempre con una sonrisa en los labios y con una palabra de ánimo si las cosas no te iban bien, sin tapujos, como buena «chica del norte». Dicen en el norte de nuestro país que «no nos fiemos de a quien no le gusta el vino», y a ella le encantaba compartir una buena copa de vino rodeada de sus amigos.Es una historia de vida, sí. Es una historia de cada una de nuestras vidas, las que se han cruzado con ella, y las que no. Es una historia de la vida de nuestra provincia.Qué orgullo haberte conocido de cerca, saber de tu cariño y de tu coraje. Gracias por haber estado, por haber sido, por habernos dejado tanto. Por tus sonrisas cómplices, por tu fuerza, por tu ilusión. Gracias por hacer fácil todo lo difícil y por reflejar tanto brillo y tanta luz con tus ojos.Hoy ha salido de viaje, despidiéndose como sólo ella era capaz de hacer, pero con certeza queda lo mejor de su recuerdo: su esencia. La mejor forma de recordarla es seguir su trayectoria: proyectar la arqueología en nuestra tierra, seguir dándole vida al museo y disfrutar de la vida como ella nos enseño. No dejen de visitar su casa, donde la encontrarán derramada por todas sus paredes. A partir de hoy, ella forma parte de Saltés, la historia continúa….OTRA VISIÓN DE JUANA
FERNANDO BARÓN



