Interpretó «Alegría», casi una extraña y barroca ópera en la que tiene cabida el «más difícil todavía» con el que el circo ha cautivado a numerosas generaciones de entregados espectadores
Es difícil que un espectáculo tan minuciosamente trabajado, tan armoniosamente ajustado después de casi dos décadas viajando por cuarenta países y más de doscientas ciudades, defraude. «Alegría», una de las producciones clásicas de Circo del Sol -ese emblema internacional del entretenimiento asegurado para todos los públicos-, volvió a conquistar ayer a los cientos de espectadores que asistieron, en el Palacio de Deportes de La Guía, a la primera de las nueve funciones de un espectáculo sin fisuras, concebido como una exacta y divertida tarjeta de presentación de la revolución circense que la compañía viene asumiento desde su fundación, en Quebec, en 1984.Así vio La Nueva España el estreno del Circo del Sol en la ciudad asturiana.
«Alegría», casi una extraña y barroca ópera en la que tiene cabida el «más difícil todavía» con el que el circo ha cautivado a numerosas generaciones de entregados espectadores, volvió a Gijón por segunda vez. Primero fue en la gran carpa blanca de la compañía; ahora en unas instalaciones con capacidad para tres mil personas en las que el espectáculo, con su gran cúpula coronando la pista y aun manteniendo la estructura narrativa y los nueve números (en alguna ocasión se introduce la variación del ejercicio con la rueda Cyr por el de equilibrios sobre una sola mano), entrega intacto su mundo de «magia y fantasía», según la descripción que hicieron ayer, poco antes de la primera función, los dos españoles de la compañía, Pablo Gomis y Pablo Bermejo, clowns de «Alegría».
Esta producción de dos horas y media de duración, incluido el descanso, estará en Gijón (es la cuarta vez que Circo del Sol visita la ciudad) hasta el próximo domingo. Después viajará a Santander y Madrid. La compañía echará definitivamente el telón de «Alegría» este mismo mes en Bélgica. Las funciones programadas para el Palacio de Deportes de La Guía (una portavoz de Circo del Sol aseguró ayer que estaban satisfechos con la respuesta del público en taquilla, pese a la crisis y a que las actuaciones coinciden con el puente festivo de la Constitución) son, pues, una de las últimas ocasiones para asistir a una obra que han aplaudido más de diez millones de espectadores, según datos de la compañía quebequense.
«Alegría», en la que intervienen cincuenta y cinco artistas que lucen más de cuatrocientos atuendos revestidos de pedrería y cosidos por los 300 artesanos que trabajan para Circo del Sol en Montreal, cuenta en clave fantástica y circense uno de los más viejos relatos de la humanidad: la lucha de una vieja y una nueva generación, pero en un mundo de cambios y transformaciones tecnológicas. Esas fuerzas antagónicas están representadas por los personajes de un viejo orden aristocrático (Fleur, el conductor de la obra; los Viejos Pajarracos y las cantantes negra y blanca) y por los de la nueva generación, que encarnan Gold-Clad Bronx, las ninfas y los ángeles.
Hay un primoroso trabajo de vestuario y luz (una de las constantes de la renovación que Circo del Sol inició hace ya casi treinta años con su espectáculo homónimo) que permite al público identificar, al pie o en la cúpula que metaforiza el símbolo del poder y el reino, a unas fuerzas y otras. Fundamental en este montaje de «Alegría» es, también, la música en directo. La media docena de músicos evoca una banda itinerante que pasa del jazz al pop, sin descuidar musicas populares como el pop, el tango o el klezmer.
Toda esta sutil sofisticación teatral y musical se completa, como vieron ayer los espectadores de la nueva entrega de «Alegría», con los números estrictamente circenses. La primera sorpresa con la que se econtró el público es con el ejercicio en el trapecio sincronizado. El dúo de trapecistas completa giros en el aire y acrobacias que, como decían los viejos maestros de pista, «desafían la ley de la gravedad». Vistosísimos son también los ejercicios del «power track», que ejecutan varios artistas a velocidad vertiginosa gracias a un ingenioso sistema de trampolines. Sigue después, mientras transcurre la historia, el movimiento continuo de la rueda Cir, equilibrio y control con la gran anilla metálica.
El ritmo de «Alegría» lleva al público de hito en hito. Uno de los aciertos de la renovación del espectáculo que ha capitaneado Circo del Sol ha consistido, como se ha visto en los otros espectáculos que han pasado por Gijón («Saltimbanco» y «Varekai») en la incorporación de tradicionales números circenses que se ponen al servicio de una historia de gran poder visual y sonoro. Así, por ejemplo, el baile de cuchillos de fuego, las maniobras de gimnasia rítmica con cintas o el número del hombre volador.
Todos estos ejercicios clásicos están en «Alegría», junto con las acobracias de las llamadas «barras rusas» (saltos y giros aéreos de una precisión matemática), el número de contorsionismo, o, por último, las «barras de gran altura», un delicado y arriesgado ejercició en tres barras a doce metros de altura del suelo de la pista. Pero «Alegría» es, también, la gracia que despliegan los clowns en sus incursiones siempre divertidas y que el espectador, como sucede con el buen circo, acaba agradeciendo. Pablo Gomis y Pablo Bermejo, los payasos de esta gira de «Alegría», juegan en casa y se les ve cómplices y entregados a un público que saben cercano: «Aquí tenemos el mayor número de seguidores». Un espectáculo a la altura de la historia y tradiciones de Circo del Sol, que transcurre con agilidad gracias al muy entrenado sistema logístico que hay detrás de todas las actuaciones de la compañía. Aún quedan otros cuatro días más para disfrutar.


