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El jurado popular declara culpable de homicidio al marido de Loida

Por Redacción
24 de febrero de 2014
en Hemeroteca

Con el veredicto del jurado ha quedado visto para sentencia el juicio contra este peruano de 37 años, para el que el fiscal pide 11 años de prisión, mientras que la acusación particular solicita 12 años y la defensa la pena inferior para un delito de h
El jurado popular ha declarado culpable de homicidio a A.A.P., juzgado esta semana en la Audiencia Provincial por estrangular a su mujer en mayo de 2013 en el domicilio de Santander donde vivían ella y su hijo de cuatro años, que presenció los hechos.
El jurado no considera probado que hubiera ensañamiento ni un dolor adicional, lo que exime al acusado de una condena por asesinato.

Con el veredicto del jurado ha quedado visto para sentencia el juicio contra este peruano de 37 años, para el que el fiscal pide 11 años de prisión, mientras que la acusación particular solicita 12 años y la defensa la pena inferior para un delito de homicidio, que oscila entre cinco y diez años.
©GrupoDiariocrítico/agencias
Loida Gemima Almerco, la mujer peruana que fue asesinada en mayo de 2013 en Santander, presentaba diversas lesiones y marcas en su cuerpo, fundamentalmente en el cuello, todas ellas derivadas del estrangulamiento y la asfixia, que fue lo que le causó la muerte. Así, no había «ningún golpe al margen», aunque sí muestras de lucha y defensa, como ocho de las diez uñas de las manos rotas. Además, la víctima falleció en torno a las 20.30 horas del día 23, dos horas antes de que su pareja y acusado, A.A.P., avisara a un policía local conocido suyo porque había ocurrido «algo muy gordo».
El carácter de las lesiones y la hora de la muerte han sido dadas a conocer este miércoles por las forenses en la tercera sesión del juicio, que se celebra desde el lunes en la Audiencia de Cantabria, y en el que mañana, jueves, emitirán su veredicto los miembros del jurado.

Tras la declaración del acusado, testigos y peritos, las partes han presentado sus conclusiones, contando en ellas la agravante de parentesco y la atenuante de confesión. Pero mientras Fiscalía y Defensa consideran que se trata de un homicidio -el Ministerio Público pide 12 años de cárcel para el presunto agresor, de 37-, la Acusación Particular entiende que sí hubo ensañamiento y tacha los hechos de asesinato, por lo que solicita 15 años de prisión para el procesado.

Así, la acusación ha elevado a definitivas sus conclusiones sin modificarlas, pero la fiscal ha introducido la atenuante de la reparación del daño causado, toda vez que A.A.P. ha depositado cerca de 4.000 euros (2.433 del finiquito del restaurante donde trabajaba, 438 de la devolución de Hacienda y 800 de lo que ha cobrado en la cocina del Dueso donde está empleado) para el hijo que tenía con Loida, de cinco años de edad y que estaba en el lugar de los hechos. Un extremo que también ha contemplado la defensa, que asimismo ha agregado la atenuante de arrebato u obcecación, al opinar que su patrocinado tuvo una disminución cognitiva y actuó movido por un impulso o reacción súbita.

Por su parte, A.A.P., durante el uso de la última palabra en el juicio, ha pedido perdón a la familia de la víctima. Y al tiempo que ha comenzado a llorar, ha dicho que no fue su «intención» lo ocurrido. «Me duele mucho por mi hijo», ha apostillado.

Según las forenses que acudieron al lugar de los hechos, que ocurrieron en el piso en el que la víctima vivía con el menor, en la calle Enrique Gran, todas las lesiones que presentaba la mujer eran características de la asfixia, y algunas de ellas propias de la estrangulación a mano.

El cadáver de Loida tenía «pequeñas y múltiples» señales en la cabeza y cuello, habiéndose levantado o perdido incluso en algunas de ellas la epidermis, la capa más superficial de la piel. También tenía pequeños hematomas con forma redonda y blanco en el centro, derivados de presión ejercida con los dedos.

De igual modo, la mujer, de 29 años, tenía un hematoma en la comisura de la boca y en la cara interna del labio, así como puntitos rojos, que también aparecían en la zona de los ojos, y que son característicos de la asfixia, al igual que el edema en los pulmones (presencia de líquido).

También tenía dos marcas del aro sujetador en el mismo lado del cuerpo, en la zona derecha hacia el centro, bien porque se hubiera hecho presión en dos momentos distintos o porque la persona o el sujetador se hubiesen movido o desplazado. En este punto, las forenses no han confirmado ni descartado que esta presión obedezca a un intento o maniobra de reanimación, aunque podría ser «compatible».

Además, la fallecida tenía todas las uñas -que llevaba largas- de la manos rotas, a excepción de las de los dos dedos pulgares, es decir, ocho de diez. En una de ellas, la rotura fue muy cercana a la zona de inserción en la carne, y había un pequeño sangrado, y en otras dos se hallaron restos de fibras.

Los fragmentos de uñas rotas estaban entre el brazo izquierdo y el cuerpo, y también al lado del sofá y cerca de la ventana del salón (habitación en la que estaba la víctima, tendida boca arriba), es decir, en una zona «alejada» de la posición en que estaba el cadáver cuando se levantó.

Las forenses creen que Loida se rompió las uñas al intentar «quitar la mano» que la oprimía, y han apuntado que, con este fin, pudo también ella misma hacerse algunas de las heridas que tenía en el cuello. De hecho, en las mismas aparecen restos de piel tanto de la mujer como del hombre, lo mismo que ocurrió en las muestras de uña analizadas del supuesto agresor, ya que en una de ellas había material genético de ella.

En la cabeza la víctima tenía dos contusiones, una en la parte superior y otra en la posterior, que se pudo hacer en un mismo momento (golpeándose con dos superficies diferentes, por ejemplo con el suelo y la pared o un mueble) o una primero y otra después, al golpearse una vez tumbada con algún objeto que estuviera por el suelo o un mueble.

En el examen interno del cuerpo, las forenses apreciaron una rotura de la arteria carótida, que sube por el cuello hacia el cerebro, y que es «muy elástica». Paralelamente, comprobaron una «elongación» del cuello, esto es, se había «estirado» y había una «mayor separación» entre la cabeza y el tronco, como si se hubiera cogido el cuerpo por debajo de la mandíbula y se hubiera elevado, ha precisado una de las peritos.

Sobre la muerte, las forenses han apuntado que no fue instantánea, ya que en los casos de estrangulamiento y asfixia el fallecimiento no es inmediato y se caracteriza, además, por una angustia y agonía y, también, por un periodo de lucha y defensa, que es habitual cuando la persona agredida está consciente, como en este caso.

Y aunque es imposible predeterminar cuánto tardó en morir, las peritos concluyeron, tras examinar la temperatura o rigidez corporal, que el fallecimiento se produjo aproximadamente a las 20.30 horas, es decir, unas dos horas antes de que A.A.P. avisara a un policía conocido suyo para contarle lo sucedido.

Por su parte, el hombre no presentaba ningún golpe, solo arañazos verticales y paralelos, producidos al pasar todos los dedos de la mano, así como un eritema (enrojecimiento) en la pierna derecha, aunque no se ha confirmado que esta última lesión tuviera relación con los hechos juzgados. En los exámenes toxicológicos practicados no se apreciaron restos de alcohol o drogas.

En la exposición de las conclusiones, la fiscal ha considerado que A.P.P. ha mentido, al asegurar en el juicio que su mujer le había agredido con una escoba o que la agresión duró unos instantes, cuando la mujer trató de defenderse en una «lucha encarnizada».

La acusación, ejercida por el padre de la fallecida, ha subrayado que Loida murió de forma «cruel», ya que el acusado ejerció sobre ella «mucha fuerza» durante «mucho tiempo», hasta que le «desgarró» la carótida. También ha destacado que siguió agrediéndola pese a que trató de defenderse, de ahí el ensañamiento, ha apuntado el abogado, que pide que se le condene por asesinato.

La letrada de la defensa entiende, al igual que la fiscal, que se trata de un homicidio, y ha apuntado al respecto que todas las lesiones fueron por estrangulamiento. También ha destacado la atenuante por arrebato u obcecación, alegando que su patrocinado tuvo una reacción súbita y estaba «descontrolado», de modo que cuando llegó la policía seguía en estado de shock, ha añadido.

Para la acusación, esta atenuante es «una excusa fácil» para intentar minimizar la pena, y cree también esta última parte que la reparación del daño es «irrisoria» y podría haber sido mayor.

PRIMERAS SESIONES
El acusado de matar a su mujer en mayo de 2013 en Santander avisó a un policía local conocido suyo para contarle que había pasado «algo muy gordo», ya que tras mantener ambos una discusión y pelea, ella estaba «pegada», tirada en el suelo e «inmóvil».
Así lo ha señalado el agente durante su declaración en la segunda sesión del juicio, que se celebra en la Audiencia de Cantabria, en el que también han comparecido como testigos otros policías locales y nacionales que acudieron al lugar tras los hechos, que ocurrieron en el piso en el que la víctima, de 29 años, vivía con el hijo de ambos, de cuatro.

Los efectivos que coincidieron con el acusado, A.A.P., de 37 años y origen peruano, han destacado que si bien parecía consciente de lo sucedido, mantenía una actitud «muy rara», ya que se mostraba «muy pasivo» e «introvertido». »

Además, han indicado que presentaba arañazos «muy marcados», aunque no golpes, pese a que el procesado aseguró ayer durante su declaración que la mujer le había golpeado con una escoba.

Mientras, el cadáver tenía heridas y marcas en el cuello y «casi todas» las uñas rotas. Asimismo, la temperatura corporal indicaba que llevaba muerta «probablemente una hora», según ha indicado el médico que certificó la defunción, que también ha apuntado que no se apreciaban signos de que hubieran intentado reanimar a la mujer, como aseguró el acusado.

PRIMERA JORNADA
El hombre acusado de estrangular a su mujer en mayo de 2013 en Santander ha asegurado este lunes que ella le agredió primero, al golpearle con una escoba, ante lo que él reaccionó «lleno de ira» y la cogió «con fuerza». Tras esta reacción, que según ha declarado A.P.P. ante el juez duró «un instante», se le «nubló la mente» y no recuerda lo ocurrido.
«Lo que hice está muy mal. No fue intencionado», ha manifestado el acusado de matar a Loida Gemima Almerco, que fue la primera víctima de violencia de género en la región desde noviembre de 2007. Durante el juicio, que ha comenzado hoy en la Audiencia Provincial, el acusado, que se ha reconocido autor de los hechos, ha manifestado sin embargo que nunca se le «cruzó por la cabeza» que pudiera «acabar con la vida de nadie».
A.P.P. -natural de Perú, de 37 años y para quien la Fiscalía pide doce de cárcel por un delito de homicidio- ha señalado que el día de los hechos, el 23 de mayo del año pasado, llevó sobre las 20 horas a su hijo, de cuatro años, al piso donde vivían el menor y su madre, en la calle Enrique Gran de la capital cántabra.
La mujer (de 29 años, con la que ya no vivía desde enero y estaba negociando la separación, tras haber tenido una orden de alejamiento durante el 2012) llegó en torno a las 20.30 horas. Tras acceder a la vivienda, la pareja inició una fuerte discusión por una infección que el hijo de ambos tenía en la boca.
La misma se debía, según el hombre, a las condiciones higiénicas de la vivienda, ya que en la cocina había «desorden y suciedad» y «hasta moho en los platos», mientras que en el frigorífico había comida de hacía «tres o cuatro días» y «dos paquetes de cerveza» pero no yogures, por ejemplo.
Debido a la discusión, la mujer empezó a «acalorarse más» de modo que «se calentó la cosa», ha relatado A.P.P., que ha indicado que Loida Gemima Almerco comenzó a darle golpes y con una escoba, ante lo que él reaccionó «lleno de ira» y la cogió «con toda la fuerza».
«Estábamos frente a frente, de pie» en el pasillo, junto a la puerta del salón, ha indicado, para señalar que, a partir de ahí, se le «nubló la mente» y cuando se «despejó», vio a la mujer tirada en el suelo, dentro del salón.
Según ha apuntado a preguntas del fiscal y la defensa -no ha contestado a las de la acusación particular-, A.P.P. cree que su pareja «posiblemente se golpeó en el suelo al caer». También ha aseverado que intentó reanimar a la víctima, realizándole el boca a boca y un masaje en el pecho, pero sin mover el cuerpo del lugar donde había caído.
Y aunque ha reconocido que en su camiseta había sangre y que presentaba heridas, ha asegurado no darse cuenta de cómo se las hizo, y tan solo recuerda un primer arañazo que la mujer le habría propinado al principio de la discusión, ya que lo ocurrido después fue «una reacción rápida» durante la cual perdió «la noción».
Después, permaneció con su hijo, que en el momento de los hechos estuvo en el dormitorio, para que estuviera «tranquilo», e intentó también llamar a algún familiar. En torno a las 22.30 horas, telefoneó a una policía local amigo suyo que en no estaba de servicio, pero al que manifestó que su mujer estaba en el suelo y que creía que se le había «pasado la mano». «Estaba destrozado. Nunca en mi vida me había pasado esto», ha confesado el acusado.
A.A.P., sin antecedentes penales y en prisión preventiva desde el día siguiente de los hechos, ha declarado también que Loida Gemima Almerco «buscaba que yo la agrediera». Al hilo de esto, ha mencionado que la mujer le echaba en cara que ya no cobrara la ayuda de cerca de 400 euros que percibió, como víctima de violencia de género, durante el tiempo que estuvo vigente la orden de alejamiento, y que quedó sin efecto tras ser él absuelto.
Al hilo de lo anterior, el procesado ha indicado que la orden de alejamiento era «una trampa» que le estaba «poniendo» la mujer y de la que quedó «absuelto» porque «no era verdad lo que ella denunció», ha destacado. También ha indicado de la víctima que tenía «momentos de cambio repentino», ya que «decía una cosa» y después «otra».
El acusado, que el día de los hechos no había consumido drogas o alcohol, sí había ido al psicólogo, ya que tenía «un poco de depresión», derivada de las deudas que mantenía, según ha declarado.
En este sentido, ha relatado que trabajaba en el sector de la hostelería y cobraba unos 900 euros, que destinaba al alquiler de la habitación en la que vivía él y al pago de la hipoteca del piso en el que vivían su hijo y su mujer -a la que incluso le había firmado un papel para que regresara a Perú-.
Desde la muerte de Loida Gemima Almerco, A.P.P. ha destinado el finiquito que le dio su empresa y la devolución de Hacienda a su hijo, a nombre del cual ha puesto la mitad de su piso. Además, en los últimos cuatro meses le ha destinado 200 de los 350 euros que gana trabajando en la cocina de la cárcel del Dueso, cuantía que tiene intención de seguir ingresando al pequeño.
El fiscal considera que los hechos son constitutivos de un delito de homicidio al entender que no hubo ensañamiento. Así, pide para A.A.P. 12 años de prisión y la prohibición de acercarse durante 20 años a su hijo, y tampoco a su domicilio, lugar de estudios o de trabajo o cualquier sitio donde se encuentre, a menos de 300 metros.
Sin embargo, la acusación particular entiende que se trata de un asesinato, ya que en entre otras cosas la víctima perdió ochos uñas de los dedos de la manos mientras intentó defenderse y sufrió distintas lesiones, ha apuntado el abogado.
Para la defensa también se trata de un homicidio, ya que de acuerdo con esta letrada en ningún informe aparecen lesiones diferentes a las que causaron la muerte.
El juicio, que ha comenzado este lunes en la sección tercera de la Audiencia Provincial con la constitución del jurado y la declaración del acusado, está previsto que se prolongue hasta el próximo jueves.
Así, el martes será el turno de los testigos, el miércoles el de las pruebas periciales, las conclusiones definitivas y los informes finales y redacción del objeto del veredicto. Y finalmente, el jueves, 27 de febrero, será el de la deliberación y veredicto del jurado.

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