En efecto, Joseph John Jova -que había sido amigo del presidente Kennedy-, entre otras cosas, embajador de los Estados Unidos en la Organización de Estados Americanos (1969-1973) y de los Estados Unidos en México (1973-1977).
EL EMBAJADOR JOSEPH JOHN JOVA, JOVIAL Y GENEROSO
En casi dos décadas en Washington DC era imposible no establecer relaciones amistosas en Estados Unidos. Justo es decir que alguna referencia inicial me la facilitó Roque Manresa, el responsable en Cantabria de Obras Públicas, que había tenido una estancia en la capital. Por tanto, lo más obligado por duradero y cordial fue -seguirá siempre siendo- un pequeño grupo inicial de personas, nacidas en la bella isla de Puerto Rico, y bien radicadas cerca de mi vecindad en Chevy Chase de Maryland. La acogedora y gentil Rosa María Fontánez, del Departamento de U.S. Veterans Affairs y Enrique Ramírez, profesor matemático en San Juan y piloto retirado de la Fuerza Aérea, su amiga María Matta, entonces en Internal Revenue y otros amigos.
Nunca tendría suficiente espacio para enaltecer la resuelta y afectiva dedicación con que al principio me atendieron -y guiaron- en las decisiones básicas del lugar para residir, el cumplir con el primer rodaje tras pasar por Motor Vehicle Administration para poder conducir porMaryland, Virginia y el Distrito de Columbia. Y para poder tener la soltura de cubrir las necesidades sociales básicas e incluso adquirir las primeras obligaciones ante los supermercados, etc. Principalmente para esa nueva andadura de la “soltería” y ya con 3 hijos pequeños que muy pronto fueron llegando de uno en uno o juntos para las visitas, las vacaciones y progresivamente para estudiar.
Insuficientemente expresado lo esencial y lo personal, de entrada. Pero la compleja vida profesional y de formación que inicié requiere también la pronta mención del simpático, elegante y sencillo embajador norteamericano Jova. En efecto, Joseph John Jova -que había sido amigo del presidente Kennedy-, entre otras cosas, embajador de los Estados Unidos en la Organización de Estados Americanos (1969-1973) y de los Estados Unidos en México (1973-1977), desde el principio me trató con gran simpatía.
Ya en la vida social del centro de la ciudad, le iba consultando a John algunos de mis pasos en busca de oficina, de los primeros contactos para la creación de un Board of Directorsen USA como atractiva y eficaz representación hacia los empresarios españoles y para el correcto enfoque del conjunto de intereses a través de la mediadora organización “non profit” que constituí.
No tardó Jova al ver los primeros progresos en darme un singular e incondicional apoyo. De ascendencia española y cubana y con apellido catalán, constaba ya su gran simpatía a España y lo volvía a probar.Debo reseñar, por ejemplo, que incluso no hubo necesidad de formular los diversos avales que son necesarios para entrar a formar parte del “Club Internacional” (él firmó la ficha) y para poder entrar en algunos otros circuitos de comparecencia de personas de negocios en la capital o incluso diplomáticos.
De hecho, no lejos de la misma Casa Blanca, justo a la vuelta de la esquina de la oficina que ya busqué en Pensilvania 1700, se reunía él con un grupo de ex embajadores USA en América Latina (así estaba en el nombre del grupo) y en varias ocasiones me invitó a reunirme con ellos. Era yo por cierto el más joven de los presentes.
Al hablar de Antonio María de Oriol y Urquijo ya he contado cómo, andando el tiempo, tuve la satisfacción de presentarles en una agradable comida en el “Bar el Puerto” en Santander. Y no solamente le llamaba de vez en cuando y encontraba el tiempo para almorzar juntos sino que pronto me invitó también en su casa de Georgetown en varias ocasiones con su encantadora mujer, Pamela Johnson, de origen británico, a quién tuvimos el agrado de hacer después un reconocimiento, como recuerdo a su marido (COEBA, Mayo del 95) cuando recibí a un nutrido grupo de losempresarios de Badajoz en el “Centro Internacional Meridian”, la prestigiosa entidad que él había presidido, tras su retiro como embajador, durante 12 años en Washington DC.
Traté solamente una vez, sin embargo, con su hermano mayor, famoso arquitecto en Atlanta, Henry, artífice del “Centro Carter”, en donde sí mantuve un agradable contacto previo con la persona de confianza del presidente Jimmy Carter, Nancy Konigsmark, quien el 15 de Mayo de 1998 ya me confirmó su disposición para su histórica visita a Cantabria con motivo del Centenario de la malograda Caja de Ahorros.
John Jova se interesaba de verdad por todo lo relativo a España. Por ejemplo, junto a Julián Santamaría, -entonces embajador de España-, figuró a la cabeza de la creada local “Asociación Académica para el Quincentenario 1492-1992” que presidió en última ronda la profesora Pilar G. Suelto de George Washington University.
Supe después, además, -y me invitó también- que John Jova tenía una casa, propiedad de la familia, nada menos que en el pueblo de Treceño (Cantabria), a donde venía a veranear de incógnito.
En fin, cuando murió Joseph John Jova recibí un gran golpe de pena y la ausencia de una segura guía amistosa. Tenía cuatro comités honoríficos, la mayoría amigos suyos, con 15 personas importantes, entre las que muy excepcionalmente, estaba también Plácido Domingo, quien accedió ante mi insistencia pese a que normalmente nunca aceptaba este tipo de vinculaciones. No lo puedo olvidar. La pérdida de Jova fue irreparable bajo todo punto de vista, sobre todo el personal.
Fue el humorista Mark Twain quien dijo “no me gusta comprometerme sobre el cielo o el infierno porque tengo amigos en ambos sitios”. Pues gran desconsuelo es también quedarse en suelo norteamericano sin un jovial y generoso valedor como el buen embajador John Jova. Es lo que me quedé pensando en la misa funeral que con buen criterio se encargó por nuestra embajada en la llena catedral católica de San Mateo.



