Más de 20.000 personas (alrededor de cinco mil familias) desde que empezó el estado de alarma se han visto obligadas a apuntarse en las listas de las numerosas asociaciones aprovisionadas por la Fundación Banco de Alimentos.
La pandemia del coronavirus ha arrasado temporalmente con millones de puestos laborales aunque muchos trabajadores mantendrán sus derechos salariales al menos durante los meses que dure el estado de alarma. Pero, por desgracia, las sociedades no son monolíticas cuando se reparten recursos y muchas personas quedan atrapadas en un callejón sin salida. Aunque parezca mentira algunos ciudadanos, que vivían con lo justo en marzo, empezaron a tener problemas en abril y, en mayo, no les ha quedado más remedio que pedir para comer.
Más de 20.000 personas (alrededor de cinco mil familias) desde que empezó el estado de alarma se han visto obligadas a apuntarse en las listas de las numerosas asociaciones aprovisionadas por la Fundación Banco de Alimentos, una entidad que nació «para minimizar el despilfarro de alimentos (excedentes de producción, defectos de envasado o cercanía de la fecha de caducidad) y donarlos a las personas que los necesitaban para sobrevivir».
«Nunca olvidaré las auténticas lecciones de integridad profesional que nos diste en tu corta pero apasionante carrera»
«Lo gordo está por venir. Nos tememos que los peores meses serán después del verano. Vamos a llegar a la misma situación dura que vivimos en 2012 y 2013». La mitad de los solicitantes de ayuda urgente son españoles y la otra mitad extranjeros. «Muchos centroamericanos provenientes de El Salvador, Guatemala y Nicaragua, también venezolanos, ecuatorianos y rumanos. La mayoría vive de la economía sumergida», nos dicen.
Se han vuelto a dar de alta entidades benéficas laicas y religiosas con las que hacía años que no trabajaban y ayuntamientos. «Lo que hacemos es dirigir a cada persona que nos solicita ayuda a la asociación más cercana a su domicilio», comenta.
Los Bancos de Alimentos nacieron en Estados Unidos, en Phoenix (Arizona) en 1967. Después de un largo trasiego por Canadá y Francia se creó el primero en Barcelona en 1987. Hoy existen 55 Bancos de Alimentos en España, coaligados en una federación desde 1996, muy bien articulada a la hora de intercambiarse productos excedentes. Se declaran apolíticos y aconfesionales y casi todo su personal es voluntario y no recibe ningún tipo de remuneración económica.
Una entidad beneficiaria recoge los alimentos
El Banco de Alimentos de Cantabria distribuye más de 10 toneladas diarias de lunes a viernes, con el fin de garantizar los 147-150 kilos por persona, algo por encima de los 140 kilos para «no morirse de hambre»estipulado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
Cuenta el Banco de Alimentos de Cantabria con más de un centenar de voluntarios, la inmensa mayoría jubilados pero también hay otras personas de personas de todo tipo de profesiones: banqueros, taxistas, camioneros….
Algunas de estas personas hacen un trabajo menos visible como es el de «captar empresas que donen alimentos al Banco de Alimentos». También hay voluntarios que visitan las entidades beneficiarias para comprobar que los alimentos se distribuyen gratuitamente y así evitar la picaresca.
Todos los alimentos distribuidos cumplen a rajatabla con los controles de calidad estipulados. «A veces recibimos yogures u otros productos con apenas cinco días de margen a fecha de caducidad y tenemos que organizarnos para distribuirlos. La leche es el producto estrella del Banco». Todos los beneficiarios están segmentados por edades, religión o dietas especiales.
Un porcentaje de los alimentos –más del veinte por ciento- provienen del Fondo Europeo de Ayuda a los Desfavorecidos y alrededor de un 15% del Fondo Español de Garantía Agraria.
«Nos han llovido donaciones de alimentos y también en metálico. Una empresa ha donado 200.000 euros», dice el presidente del Banco de Alimentos. Admite que «solemos vivir muy al día con saldos para un mes o dos meses». «Pero en las últimas semanas hemos comprado pavo, pollo, conejo, cerdo congelado y otros alimentos para mejorar los segundos platos de nuestros beneficiarios», concluye.



