La desconexión estatal con temas tan fundamentales se hace realidad en forma de escasos presupuestos y personal.
Por MIGUEL DE CERVERA
El reconocido conferenciante Fernández Abascal realizó ayer, 15 de enero, una buena introducción de esterelato de naufragios españoles actuales, haciendo hincapié en la vertiente humana de lo que es un barco lanzado a las olas. Esos corazones humanos a los que alude el título del libro y que forman parte de un conjunto flotante, barco y tripulación, junto a los vientres de acero de esos navíos que a veces se van al fondo del mar. Y ésta es la temática del libroVientres de acero, corazones humanos, publicado porEdiciones Tantín de Santander.
Fernando Abascalhizo especial mención al hecho de que estamos hablando de barcos reales, tanto como son esas víctimas que en su día desaparecieron en el océano, al igual que esos barcos que se hundieron sin volver a ser nunca más vistos.
Poco interés en investigar los accidentes marítimos españoles
El autor del relato,Juan José Aja, Capitán de la Marina Mercante, fue parte de latripulación del barco embarrancado en Canariasy conoció también a parte de losmuertos y desaparecidos en el Ángel en 1977.
Dicho autor tuvo unas duras pero realistas palabras para el escaso interés del Estado hacia lainvestigación de los naufragios de barcos actuales, puesto que sólo se lleva un escuetoregistro de los accidentes marítimos españolessucedidos después del año 90. Por desgracia, en línea con lo que pasa con el resto de la política española, la desconexión estatal con temas tan fundamentales se hace realidad en forma de escasos presupuestos y personal.
Recuerdo de los marinos muertos en el naufragio del Ángel en 1977
Durante la presentación se tuvo un recuerdo especial para elradiotelegrafista del Ángel, estebarco mercante santanderino que se hundióen las frías aguas del Mediterráneo durante un temporal de invierno. Un marino profesional que había colaborado con el autor, el Capitán de la Mercante Juan José Aja, y hubiera estado en la presentación del libroVientres de acero, corazones humanos, de no haber fallecido hace menos de dos meses.
También se tuvo un especial recuerdo para elCapitán del Ángel, hundido en 1977, barco que se fabricó en Santander pocos meses antes de irse al fondo del Mediterráneo. Un recuerdo emotivo de un compañero suyo de estudios, el autor, Capitán de la Mercante, marinos santanderinos de la misma generación ambos, aunque con una gran diferencia: el autor,Juan José Aja, vive y puede acordarse del otro, desaparecido en el mar hace más de 40 años sin que se haya realizado una investigación decente sobre el tema. El único vestigio de justicia que parecen haber obtenido estos profesionales, muertos mientras trabajaban, es este libro que por cierto recomiendo sin dudar.
Descansen en paz estos trabajadores y enhorabuena a Juan José Aja por el libro.


