Se centro en en el análisis de las poblaciones de cazadores-recolectores modernos, mostrando algunas de sus características básicas y el peligro de extinción de muchos de ellos, sobre todo los grupos de la selva amazónica y África
Bajo el título de “Los otros”, recientemente impartió una conferencia en Puente ViesgoGonzalo Sánchez Eguren, licenciado en Historia, Antropología, Ciencias Políticas y Sociología. La conferencia -dentro del ciclo homenaje aBenito Madariaga de la Campa-estaba organizada por la Sociedad de Amigos de las Cuevas del Castillo en Puente Viesgo Patrimonio de la Humanidad.
El conferenciante -que demostró un excelente dominio del tema- centró su interés en el análisis de las poblaciones de cazadores-recolectores modernos, mostrando algunas de sus características básicas y el peligro de extinción de muchos de ellos, sobre todo los grupos de la selva amazónica y África.
Estos grupos, que se han mantenido durante mucho tiempo aislados, sin contacto alguno con el exterior, dependen de los recursos naturales para su supervivencia, por lo que tienen que recorrer grandes distancias para la provisión de alimentos. Esta circunstancia, unida al carácter estacional de los recursos, que pueden ser abundantes en un momento determinado, y escasos en otros, determina la demografía de estos grupos. Nos encontramos con unas densidades de población muy bajas, como, por ejemplo, los Kung del Kalahari, con medias de un habitante por cada 35 km2.
Dado el carácter impredecible y efímero de los recursos, los grupos se concentran en períodos de escasez y se dispersan en momentos de abundancia. La concentración presenta la forma de banda o agrupamiento de varias familias, que cooperan en la caza y reparten de manera igualitaria el alimento entre todos sus miembros. Estos momentos de concentración se caracterizan por la celebración de rituales y ceremonias, el intercambio de bienes o la búsqueda de pareja. La reciprocidad es una norma no escrita de obligado cumplimiento. Se trata de dar, recibir y devolver, con el objeto de crear un flujo de solidaridades, de ayudas, de servicios…
La dispersión, en cambio, presenta la forma de organización familiar, que es una unidad económica básica de producción y de consumo. Es en el seno de la familia donde se toman las decisiones, con un carácter pragmático muy acusado. El grupo doméstico decide qué dieta o qué recursos pueden ser explotados, qué tecnología es más adecuada para la provisión, qué momento es el idóneo para concentrarse con otros grupos. Esta libertad y flexibilidad es fundamental para la supervivencia de estas comunidades, puesto que no existe una exclusividad territorial ni un liderazgo definido.
Otro aspecto importante es la tecnología, la producción material, sencilla, accesible, portátil y, en particular, ingeniosa, realizada tanto por hombres como por mujeres. En este sentido, la división del trabajo por sexos es puramente funcional. Si bien en ciertos grupos la caza es una actividad vedada para las mujeres, en otras participan activamente, no sólo en la caza, sino en todas aquellas otras actividades relacionadas con el procesado y aprovechamiento de los animales. No obstante, la mujer, en líneas generales, se ocupan de las tareas recolectoras, que constituyen la principal fuente alimentaria. Se calcula, excepto en pueblos del Ártico, donde los recursos silvestres son escasos y la carne es la fuente principal de sustento, que alrededor del 70% de los recursos consumidos provienen de la recolección de bayas, tubérculos, bellotas, nueces, miel, insectos, etc.


