Todo suena demasiado a lo de siempre, a los viejos métodos, a esas formas que se han enquistado con la crisis interna que parece un triste
cuento de nunca acabar.
LA SOLUCIÓN a la crisis económica parece una cuestión que solo está relacionada con la política. Exigimos a los gobiernos, al central y al autonómico y en ocasiones también a los municipales, que refloten la economía. Por supuesto, las administraciones han tenido mucho que ver con la profundidad del abismo económico por el que llevamos más de un lustro cayendo y tiene posibilidades reales de actuar para intentar frenar el deterioro y ayudar a salir del pozo, pero casi es mayor la capacidad que poseen para entorpecer, algo que hemos podido comprobar con frecuencia a lo largo de la historia. De lo que no se habla demasiado es de la responsabilidad de los agentes económicos para solucionar sus problemas particulares y así contribuir a la mejora de los intereses comunes.
Los empresarios están entre los principales protagonistas del desarrollo y da la impresión de que durante los malos tiempos que atravesamos han estado ausentes como colectivo. Individualmente los hemos visto luchar con mayor o menor éxito por sus empresas, por su negocio, pero cuando parecen más necesarias que nunca las propuestas de soluciones globales, que requieren un mínimo de cohesión, su visibilidadha sido prácticamente nula. La organización que tradicionalmente representa los intereses de los empresarios es la CEOE, la más veterana y la más reconocible, aunque es evidente que en Cantabria existen otros colectivos empresariales que están al margen de la confederación que en nuestra tierra preside Gema Díaz del Real, pero en los casos más significativos son fruto del cisma en el asociacionismo empresarial. Casi desde el inicio de la crisis económica, nuestra patronal ha vivido además un conflicto interno prácticamente permanente, en unas etapas con manifestaciones virulentas, en otras con intrigas palaciegas y en ocasiones con una calma más aparente que real.
Esta situación ha propiciado que, desde hace tiempo, un buen número de empresarios se alejen de la actividad asociativa. Ha habido un número considerable de bajas en la CEOE que en unos casos son producto exclusivamente de la crisis económica y en otros de la interna, aunque también se han producido reincorporaciones, por supuesto.
En cualquier caso, lo peor de todo es que haya aumentado el número de empresarios que, estén o no asociados, digan, con razón o sin ella, que la CEOE no sirve para nada. Es una pena, porque debería ser este el momento en que se considerara un instrumento imprescindible. Esa sensación de inutilidad de la patronal quizá no tenga tanto que ver con el trabajo que se realiza en la organización como con la imagen negativa que se ha enquistado después de las fuertes luchas intestinas, que han acabado con una fuerte división entre quienes apostaban por uno u otro bando y también entre quienes no querían significarse.
Para algunos, el objetivo de las asociaciones empresariales, en muchos casos, se ha convertido en su propia subsistencia, en la lucha por la subvención que permita mantener las estructuras. Como ejemplo, el revuelo, aunque haya sido discreto y sin trascendencia pública, que ha provocado el Boletín Oficial de Cantabria esta semana con el listado de ayudas para organizaciones empresariales, algunas de las cuales, según reconocen muchos empresarios, no tienen realmente base social detrás y casi su único motivo de existencia es la subvención y la instrumentalización de la asociación en las luchas de poder.
Ahora ha surgido un nuevo brote de tensión.Algo más de medio centenar de empresarios se reunió para buscar un proyecto con el que colaborar en que nuestra economía sortee la crisis. Son de procedencia dispar y unos están en la CEOE y otros fuera de ella, pero en general muestran disconformidad con el estado actual del asociacionismo empresarial en Cantabria.
Esta semana, el jueves concretamente, tienen una nueva reunión. Por mucho que se haya pretendido apaciguar los ánimos, la cita ha sido vista como una afrenta, como un nuevo intento de organizar un movimiento más de oposición a la presidenta actual.
El desarrollo de ese intento de cooperación empresarial es aún incierto, porque es muy pronto, es incipiente y habrá que ver si tiene continuidad y en, caso positivo, cuál es su recorrido. El planteamiento inicial es plausible, conseguir la colaboración de los empresarios para superar la crisis económica que amenaza la existencia de muchos de ellos, y alejarse de las luchas internas.
Los promotores de las reuniones quieren hacerlo desde dentro de la CEOE, aunque saben que para ello se precisa un cambio radical de la organización, pero quienes están fuera de ella no parecen dispuestos a reincorporarse y desearían un movimiento al margen de los despachos de Rualasal.
El tiempo dirá, pero es significativa la forma como ha comenzado todo. Surge de un cambio en la Federación del Metal, integrada en la CEOE. Allí, los representantes de los concesionarios de automóviles se unen y se organizan para colaborar contra la crisis y buscan la revitalización del Metal, que surgió en CEOE tras la salida de Pymetal y que no tiene representación en la negociación del convenio –aspecto que, por cierto, ya no tiene relevancia a la hora de conseguir subvenciones–. Con acuerdo, se produjo un cambio en la Presidencia del Metal, que fue asumida por Lorenzo Vidal de la Peña.
Llegó el momento de pedir información a la CEOE, cuentas, listado de asociados, etc. y comenzaron los problemas.
La entrega de la documentación concluyó con una rocambolesca querella contra una persona que trabaja para la asociación de Vidal de la Peña y que en su día fue despedida de la CEOE. La CEOE, como condición a cualquier diálogo, exige el despido de esa colaboradora, en una extraña persecución a alguien que despidió supuestamente por causas económicas.
Y a partir de ahí, de nuevo los tambores de guerra en la patronal, los recelos ante cualquier movimiento no controlado, el tirar de recovecos en los estatutos para no reconocer al nuevo presidente, la convocatoria de elecciones… Todo suena demasiado a lo de siempre, a los viejos métodos, a esas formas que se han enquistado con la crisis interna que parece un tristecuento de nunca acabar.


