Lo peor es que estos hechos no son una novedad, pues, sin ir más lejos, el pasado viernes ya fue necesaria la intervención de los operarios de Carreteras en dos ocasiones. La primera a la una de la tarde y, la segunda, a las siete
El acceso por carretera a Covadonga corre un serio riesgo de quedar interrumpido a causa de los constantes desprendimientos de tierra provocados en la zona de El Repelao por el argayo de la senda de El Muñigu, que en los últimos días han obligado en varias ocasiones a regular el tráfico después de que quedase sepultado uno de los carriles de la carretera.
El último de esos desprendimientos tuvo lugar en torno a las once de la mañana de ayer, cuando varios conductores alertaron al servicio de Carreteras de los problemas en el acceso a la localidad canguesa, agravados por el denso tráfico originado por el elevado número de peregrinos que decidieron ayer visitar el santuario.
Lo peor es que estos hechos no son una novedad, pues, sin ir más lejos, el pasado viernes ya fue necesaria la intervención de los operarios de Carreteras en dos ocasiones. La primera de ellas, a la una de la tarde y, la segunda, siete horas más tarde, cuando tuvieron que retirar de la calzada una buena cantidad de tierra y restos de árboles.
Una situación que, según los propios operarios, es previsible que siga repitiéndose ante la dificultad de encontrar una solución al problema. «Está claro que la ladera seguirá viniéndose abajo y, ante la dificultad a tomar una solución de raíz, sólo nos queda retirar la tierra cuando baje», señalaba uno de los operarios, que restó relevancia a los desprendimientos ocurridos hasta ahora. «Mientras no ocupe los dos carriles, el tráfico podrá regularse».
Por tanto, todo indica que, de no tomarse alguna medida, la ladera podría precipitarse en cualquier momento dejando incomunicada de manera temporal la localidad de Covadonga y, con ella, el emblemático santuario. «Espero que, al menos, no me coja a mí pasando», declaró ayer la vecina Remedios Cayarga, que dice acudir con mucha frecuencia a poner velas y rezar a la Santina.
Los que peor encajan esta situación son los empresarios de la zona, que ven en esta amenaza un nuevo lastre para la atracción de visitantes. «Cuando los accesos ya están mal de por sí, ahora viene el mal tiempo y nos trae otro aspecto negativo», declara un empresario, que achaca también a la mala suerte que en el último mes se hayan encadenado varias adversidades. «Entre el corte de agua que tuvimos en el santuario, los argayos y la adversidad climatológica, parece que nos haya mirado un tuerto», declara el empresario y vecino, que espera que al menos las medidas anunciadas por el Principado de Asturias para mejorar los accesos y la imagen de la zona den buenos resultados. «Falta hará que alguien se preocupe por fin de acondicionar la imagen de Asturias en el exterior», declara el emprendedor local.


