En Escobedo de Villafufre había unas tierras y se sembraba maíz. Allí, antes que Agustín iban en la familia Joaquín,Rosa, Balbina, “Quisa” (Asunción), Joaquina (su hermana y amiga monja), Alfonso y Teresiano.
Agustín Ruiz Díaz, pasiego amistoso y sencillo, no presume de haber tenido 3 “Mercedes”, de haber vivido en Santander en el Prado San Roque, en Camilo Alonso Vega y de haber “ascendido” a su chalet de Liencres.
A Agustín no se le ha regalado nada. Hacía por lo menos 60.000 kilómetros al año por Santander y provincia. Cumpliendo siempre con su palabra y su obligación. Vestía muy bien (con pañuelito de seda en el bolsillo superior de la chaqueta) con bien elegantes prendas, compradas, por ejemplo, en“Bilsan”.
Para vender bien había que ser y parecer. Y nunca se le ha olvidado su origen pasiego, el octavo hermano peaueño de la familia de Carolina Díaz, de Susvilla, y de Joaquín Ruiz, de Escobedo de Villafufre, serio transportista de carro con vacas tudancas que repartía puntualmente legumbres por Renedo, Torrelavega y Santander.
En Escobedo de Villafufre había unas tierras y se sembraba maíz.Allí, antes que Agustín iban en la familia Joaquín,Rosa, Balbina, “Quisa” (Asunción), Joaquina (su hermana y amiga monja), Alfonso y Teresiano.
El primero que salió del pueblo fue Teresiano, quien con Manolo, su cuñado (el marido de Balbina) se inicia en el negocio de la leche con vacas pintas. Y Agustín, sin renegar en absoluto de la vida rural, ya empieza también su trayectoria profesional de vendedor de ambiciosa vocación iniciándose en Bezana con un almacén de abonos químicos y como repartidor del distribuidor “Pedro Gutiérrez del Cerro”, entre otras cosas, de chocolate “Chovil” y sobre todo de mosto “Palacio” y de vino “Glorioso”.
Un anuncio pidió a alguien para la empresa madrileña de “Aceites Salgado”(aceites“Uca”). Y no tarda Agustín en hacerse cargo junto al burgalés Manuel Ruiz Bravo, su socio -de quien tiene buena memoria- a quien alquila el “Grupo Canalejas”. Pero en el 2008 le vendió el fondo de comercio. Había alquilado un local más grande, en donde ya se asentó “San Mamés”, y su expansión fue notable para la venta entonces a economatos y tiendas tradicionales, pero pronto también a hostelería.
En su rodaje puntual, Agustín Ruiz representará “Freixenet”, Bodegas Faustino, González Bias, vino tinto de calidad (“Pago Carrovejas”, “Azcoaga”), a Queserías Ibéricas (“Gran Capitán”), a “Heinz” (que había comprado “Orlando”) y también a “Sarrió”, papel celulosa en general, de cocina e higiénico. Todo junto.
Había ya pasado Ruiz a vendedor de escala tanto en Alimentación como en Restauración. Iba a las ferias de Barcelona cada dos años. Y trabajaba ya a satisfacción con Alvaro Cobo, José Ignacio Palazuelos y Luis Jiménez. Pertenecía, en fin, al grupo de colegas acreditados, entre otros José Manuel Castellanos, el “clásico” Federico Cortés del Valle, Emilio Gutiérrez de “Alcosant”, José de “Copaga” y su amigo J. Aparicio de“Blarte”.
Agustín Ruiz, en un kiosko de helados “Frigo” había conocido a su mujer, Caridad Arroyo Díaz, burgalesa de Arcellares del Tojo. Su hija Laura, buena amiga, está al frente de una tienda de videojuegos en la Plaza del Este de Santander. Y ya no tiene que hacer Agustín 60.000 kilómetros para vender. Ve ahora con complacencia y gratitud lo andado y rodado. En el camino, diversos compradores y colegas corresponden a su eficaz quehacer. A su buen estilo de época.
En “Casa Setién” de Oruña de Piélagos, con asistencia entre otros de Miguel A. Revilla y de Javier Marcano, la revista “Restauradores” le rindió a través de su director la sexta edición del homenaje de reconocimiento “AURA” (5-4-2008) “por un desempeño honorable y eficiente”. Con eso le basta.
A veces, mirando al tiempo ido, si le preguntan, explica Agustín que no fue sencillo salir de la vida rural de la infancia y reconoce que no puede negarse una andadura de suerte. Pero por supuesto junto a la diligente labor -imprescindible- de entrega y de trabajo. Es, creo, profunda convicción de pasiego serio.


