El eterno proyecto de la integración ferroviaria de Torrelavega cuenta desde este jueves con un nuevo marco administrativo, aunque con unos plazos que vuelven a dilatar su ejecución en el tiempo. Las tres instituciones implicadas —Adif, el Gobierno de Cantabria y el Ayuntamiento— se han visto obligadas a renovar a la fuerza el convenio original firmado en 2018 tras llegar este a su fecha de caducidad.
La actualización de las actuaciones eleva la factura total para eliminar la cicatriz ferroviaria de la ciudad a 175 millones de euros. Este monto se divide en tres bloques principales: seis millones de euros para el desvío provisional del tren, 138,9 millones para el soterramiento y el aparcamiento subterráneo, y la gran novedad del acuerdo: una nueva estación subterránea presupuestada en 30 millones de euros que se ubicará bajo los actuales apeaderos de Torrelavega-Centro.
Las obras reales, postergadas a 2027
A pesar de la escenificación institucional llevada a cabo en la Delegación del Gobierno por parte de la presidenta regional María José Buruaga, el alcalde Javier López Estrada, el delegado gubernamental Pedro Casares y el presidente de Adif, Pedro Marco, los plazos oficiales confirman que los vecinos de la capital del Besaya tendrán que seguir esperando.
La licitación de los trabajos se prevé para finales de este año, pero las obras sobre el terreno no darán comienzo hasta 2027. A partir de esa fecha, se calcula un plazo de ejecución de cuatro años para la creación del túnel. Con este cronograma, el horizonte que maneja Adif para que los trenes vuelvan a circular con normalidad por el subsuelo se sitúa ya en la primera mitad de la próxima década. Hasta entonces, la ciudad tendrá que convivir con el desvío ferroviario por el arco norte y los consiguientes trastornos en la movilidad urbana.
Una «odisea» de promesas e incumplimientos
El acto sirvió también para que los representantes políticos trataran de poner en valor la cooperación entre administraciones, si bien las declaraciones evidenciaron el tremendo retraso que arrastra la infraestructura. La propia presidenta Buruaga calificó la tramitación como una «odisea interminable», recordando que han pasado 15 años desde que se firmó el primer documento de intenciones en 2011.
Por su parte, el presidente de Adif reconoció de forma implícita la parálisis sufrida por el proyecto al admitir que, respecto al soterramiento de Torrelavega, históricamente «se ha escrito mucho y se ha construido un poco». Con la firma de este segundo convenio, las administraciones intentan dar credibilidad a una promesa histórica que, por el momento, sigue acumulando años de retraso y un incremento notable en sus costes presupuestarios.



