El presidente Pedro Sánchez ha tardado apenas unas horas en resolver el vacío dejado en el Consejo de Ministros tras la renuncia de Óscar Puente.
En una breve declaración institucional desde el Palacio de la Moncloa, el jefe del Ejecutivo ha anunciado este miércoles que Carlos Cuerpo, vicepresidente primero y titular de Economía, asumirá las competencias del Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible.
La maniobra busca frenar en seco la hemorragia sin desestabilizar el Gobierno en pleno camino electoral. Lejos de buscar relevos en el exterior de la administración o abrir un debate sobre cuotas internas, Sánchez ha preferido concentrar todo el poder económico y el mayor presupuesto inversor del país en su figura más técnica y respetada por los mercados.
Durante su comparecencia, Sánchez quiso arropar públicamente al ministro saliente, elogiando que diese un paso a un lado por «empatía, coherencia y finalmente por dignidad».
«Como presidente del Gobierno es una decisión que acepto con gratitud y respeto», afirmó Sánchez, reivindicando los 3 años de trayectoria de Puente al frente del departamento, un periodo en el que «ha trabajado sin descanso para mejorar la vida de nuestro país y, particularmente, la movilidad de los ciudadanos».
El mandatario defendió la gestión de su compañero en los momentos más delicados de la legislatura: «Ha tenido que enfrentarse a desafíos, que ha sabido abordar con dedicación, transparencia e integridad». En esa misma línea, conectó su salida con el dolor de los familiares de las 69 víctimas mortales de Toledo: «Y esta semana lo ha vuelto a hacer: ha dado explicaciones, ha aportado soluciones y después ha dado un paso a un lado para demostrar a las víctimas el máximo respeto que la sociedad y el Gobierno siente por ellas y para demostrar que no todos los servidores públicos somos iguales».
Un mensaje sorpresa al móvil
La marcha de Puente dinamitó la estrategia que el núcleo duro de Moncloa había diseñado para encarar la recta final de la campaña. El propio Sánchez le había insistido en privado en que aguantase la presión hasta el 29 de noviembre, argumentando que dimitir a estas alturas resultaba injusto y suponía regalar al PP el relato de que sus críticas a la red ferroviaria estaban justificadas. La consigna oficial pasaba por esperar al veredicto de las urnas.
El ex ministro, sin embargo, prefirió no estirar la agonía. Su decisión la tomó en el más estricto secreto y se la comunicó al presidente a través de mensajes de móvil apenas unos minutos antes de soltar la bomba en la tribuna del Congreso: «Se lo he dicho unos minutos antes». Con ese movimiento dejó al Gobierno sin margen de maniobra, escudándose en que «un ministro no puede continuar con 2 accidentes de esta gravedad en menos de un año», en referencia a los choques de Adamuz en enero y Urda en octubre.



