La agenda de trabajo de la Asamblea nacional incluyó la presentación del informe anual del secretario general, Sebastián Mora, y la aprobación de cuentas y resultados del ejercicio 2012 y del Presupuesto para 2014.
La asamblea general de Cáritas Española concluyo con una profunda preocupación y rechazo ante las dramáticas situaciones que estamos viviendo en la sociedad españolaCáritas. 19 de julio de 2013.- Más de 200 representantes de todas las Cáritas Diocesanas del país se dieron cita en Madrid el último fin de semana de junio. La agenda de trabajo de la Asamblea nacional incluyó la presentación del informe anual del secretario general, Sebastián Mora, y la aprobación de cuentas y resultados del ejercicio 2012 y del Presupuesto para 2014.Al término de las sesiones, los miembros de la Asamblea aprobaron el texto de la Declaración Final que hoy Cáritas Diocesana de Santander difunde, con conclusiones tan preocupantes como las siguientes:»Cáritas está acompañando a diario situaciones desesperadas y desesperanzadoras, cada una de las cuales tienen detrás vida, rostro y nombre concretos: miles de caras y miles de vidas de quienes son víctimas de modelo injusto que, bajo el argumento de la racionalización del gasto y la sostenibilidad económica, es incapaz de anteponer el bien común al beneficio individual.»»Creemos que la pobreza es evitable siempre, también en tiempos de crisis. Este es el objetivo de nuestro trabajo en cada uno de los ámbitos territoriales de Cáritas, donde, en el seno mismo de la Iglesia y de las comunidades cristianas, trabajamos cada día por la justicia.»»Denunciamos, por ello, la adopción de decisiones políticas, legislativas y económicas que están generando ya, ahora mismo, el sufrimiento de las personas afectadas, tal como pone de manifiesto la realidad cotidiana de nuestra acción y los informes que hemos elaborado y presentado públicamente. Esta falta de horizontes y perspectivas podría tener unas consecuencias muy negativas para el futuro de la sociedad española, incluso a corto plazo. Las personas empobrecidas no son responsables de una crisis económica que las castiga con tanta intensidad. No queremos resignarnos a un modelo de vida caracterizado por la precariedad y un retroceso en el reconocimiento y disfrute de los derechos humanos. Tampoco aceptamos un proceso de fractura social legitimado por una desigualdad creciente.»



