El río Pisueña ha sufrido una de las mayores catástrofes medioambientales de los últimos años tras un presunto vertido de purines que ha provocado la muerte de miles de peces y ha afectado gravemente a todo el ecosistema fluvial entre el arroyo de Saro y la confluencia con el río Pas.
Vecinos y pescadores de la zona describen una imagen «desoladora», con el agua turbia, un intenso olor a aguas residuales y cientos de ejemplares flotando o acumulados entre las piedras. Truchas, anguilas, peces cardo y pintos han aparecido muertos a lo largo de varios kilómetros de cauce.
«Está todo horroroso, todo quemado, no ha quedado ni un pez. Es lamentable que todavía hoy pasen estas cosas», lamentaba Luis, un pescador de la zona. Otro vecino, Manuel, calificaba lo ocurrido como «un atentado ecológico tremendo» y advertía de la incertidumbre sobre la recuperación del río.
Durante toda la jornada, agentes de Medio Natural y efectivos del Seprona de la Guardia Civil inspeccionaron el cauce para determinar el origen del vertido. Los técnicos recogieron cientos de ejemplares muertos, muchos de los cuales serán conservados como prueba dentro de la investigación judicial ya abierta.
Las primeras pesquisas sitúan el foco en una explotación ganadera ubicada en el monte de Saro. Los investigadores han tomado muestras del agua y, según fuentes de la investigación, todo apunta a que el vertido podría corresponder a purines que habrían alcanzado el arroyo de Saro antes de desembocar en el Pisueña.
Aunque la investigación continúa abierta y todavía no se ha determinado oficialmente la responsabilidad de ninguna persona, el Seprona ya ha formalizado la correspondiente denuncia. En caso de confirmarse la autoría, el responsable podría enfrentarse a delitos contra el medio ambiente y la fauna, con penas que incluso podrían conllevar prisión.
Desde la Consejería de Ganadería han mostrado su preocupación por el alcance del episodio, especialmente porque la contaminación ya ha llegado al río Pas. Además, recuerdan que hace apenas unas semanas los agentes de Medio Natural habían trasladado centenares de peces desde la parte alta del Pisueña para evitar su muerte por la bajada del caudal estival, un trabajo que ahora ha quedado completamente arruinado.
El impacto va mucho más allá de la mortandad de peces. La desaparición de la fauna acuática afecta a toda la cadena ecológica del río y compromete la recuperación del ecosistema durante los próximos años.
Este nuevo episodio vuelve a poner el foco sobre los vertidos ilegales en los cauces fluviales de Cantabria. Hace apenas unas semanas otra explotación ganadera fue denunciada por un vertido en el río Gándara, en Soba, lo que ha reabierto el debate sobre la necesidad de reforzar la vigilancia y endurecer las sanciones para evitar daños irreparables al patrimonio natural de la región.

