La familia lo era todo para Pedro, que se casó con su alumna de francés e ideal secretaria, la bondadosa y encantadora María Araceli Pérez Moraleda. Su preciosa boda con carruajes y flores fue espectacular en Corvera de Toranzo.
Pedro Vallés Gómez, abogado y profesor, murió en Santander, a los 57 años, víctima de un infarto, creo que en abril de 1997. Pedro, tras su licenciatura en Derecho por la Universidad de Oviedo, ejérció la carrera desde 1966 en Santander. Para mí fue un golpe fuerte porque Pedro, persona entrañable y culta, era, ante todo, un amigo de plena confianza. Puedo incluso señalar algo muy personal: le pedí que interviniese en los arreglos (que suelen ser desarreglos) de mi separación y posterior divorcio. Se negaba porque, aunque era buen amigo antiguo mío y de soltero, también lo era después de mi mujer y deseaba ser imparcial. Pero le convencí. Y le convenció mi actitud, sobre todo, al demostrarle que una cosa no impedía la otra y que nadie iba a comprender mejor que él la penosa situación, que se fundara en su mejor entendimiento para el beneficio de los hijos. Y lo tuvo así en cuenta totalmente.
Tenía Pedro una elevadísima opinión sobre la familia y su papel en la vida de las personas y en la sociedad. Recuerdo vagamente a su protectora madre, Ceferina Gómez Castanedo, y algunas veces fui testigo de sus cariñosas conversaciones con ella cuando estábamos cenando juntos y ella le llamaba siempre. También recuerdo a sus hijos, sobre todo a Clara y Nuño, a dos de los cinco.
La familia lo era todo para Pedro, que se casó con su alumna de francés e ideal secretaria, la bondadosa y encantadora María Araceli Pérez Moraleda. Su preciosa boda con carruajes y flores fue verdaderamente espectacular en Corvera de Toranzo.
Pero a Pedro ya le conocía de cuando era soltero. Tengo la imagen de mi llegada a uno de sus despachos por primera vez: a la entrada me dio una bienvenida y, como hizo con los demás, me puso un chorizo casero en la mano, y me dijo que siguiese adelante que había pan y buen vino. Sus despachos estuvieron en Pasaje de la Puntida, Atilano Rodríguez, Rualasal y en Camilo Alonso Vega.
Pedro fue políticamente uno de los líderes en Cantabria del partido denominado Falange Auténtica. Era un idealista joseantoniano deseoso de construir una distinta forma de democracia desde abajo, desde los municipios y elecciones locales. Invitados por él fuimos un día por deferencia a un colegio de Camilo Alonso Vega el realista procurador Dionisio Mantilla y yo y hasta se atrevió a sugerir en esa pública reunión que yo fuese secretario general, qué imprevisto despropósito. El local estaba lleno: por Pedro, no tanto por la idea. (Nos fuimos a cenar sin más).
Era Pedro Vallés sin duda un idealista extemporáneo y muy bien intencionado. Eso no le impedía, por tanto, ser buen amigo de personas que pensaran diferente, por ejemplo del comunista J.R. Sáiz Viadero con quien escribió la “Guía Secreta de Santander” con cierto humor, denuncia cultural y datos de cosas desaparecidas, por ejemplo de la lista de cafeterías:Arenal, Dover, Frypsia, Kansas,m Lago, Mónaco, San Siro, Sonderklas, Trueba.
Pedro Vallés es bien sabido que era generoso y muy buen amigo.Como para preguntarse si quedan muchas personas así. Aunque bien sabía distinguir las distintas entidades de derecho y moral en el plano teórico, las practicaba en su ejercicio y con alguna frecuencia hasta aceptaba pleitos que sin beneficio alguno, le “entretenían” bien seriamente.
Conmigo solía contar para alguna de sus ilusiones. Amante de los caballos, y tras una recreadora gesta participativa de los jándalos en Jerez de la Frontera, llegó a concebir para el año 92 una vuelta a caballo del norte al sur de América. Hasta dibujó (por cierto, dibujaba muy bien) el itinerario y la logística: comida para los animales, kilometraje diario, paradas a repostar, etc. Pásmense: yo iba a ir detrás -eso, sí, en coche…- para hacer la crónica del acontecimiento. Tal interés e ilusión tenía que, aunque poco, hasta me hizo dudar un día. No lo encuentro, pero juraría que incluso expuse su idea en el periódico.
Vallés probó muchas veces su afecto por mí. Conservo un buen libro de piel con las inicialesJ.P.U., firmado y encuadernado por Fernando Royuela (17-1-86), que compró Pedro para guardar las firmas, fotografías y telegramasde la petición de la Insignia de la Caja de Oro y Brillantes que me notificó el director de la Caja, José Balaguer Solórzano, por mi intervención en dirigirLa Enciclopedia de Cantabriay que después se amplió a un inolvidable homenaje (febrero de 1986) en “el Chiqui”cuando hice saber que me iba a Estados Unidos. Pedro estuvo, sí, detrás de todo aquello. Curiosamente es lo principal que ahora queda como memoria. Sobre todo el título que mandó inscribir: “De sus amigos de Cantabria con admiración, afecto y esperanza”. (Era esa su opinión).
De las numerosas actuaciones de Pedro Vallés apenas si se rememora otra que la de su alegato en el famoso “caso” de Juan Hormaechea. Cuando en 1994, defensor de uno de los procesados, se enfrentó a Claudio Movilla, ponente de la causa, presentando un recurso contra la designación del local para la celebración del juicio fuera de la sede del Tribunal Superior de Justicia. Yo hoy evoco su memoria, en cambio, por la particular reciprocidad de admiración y afecto. De amigo.



