Dos semanas después de la abrumadora victoria del PSOE en las elecciones generales de 1982, quienes ya han aceptado formar parte del futuro Gobierno socialista, son convocados a una reunión en la que se les explica cómo se tomarán las decisiones en Consejo de Ministros. No habrá votaciones. Las decisiones las tomará el presidente. Se opina, pero no se vota.
La aclaración seguramente no era necesaria, porque más de uno conocía la famosa frase de Lincoln según la cual, encontrándose solo frente a la opinión de todos sus secretarios, dijo fríamente: “Siete noes, un sí; gana el sí”.
Es lógico que no existan votaciones en el Consejo de Ministros. Todos dependen del presidente, el cual puede separarlos de sus cargos discrecionalmente y también hacerles cambiar de departamento ministerial. El presidente y sus ministros forman un equipo, pero en éste solo cuenta la personalidad del presidente. En resumidas cuentas, los ministros no pueden tener una política personal si quieren conservar el cargo.
En cambio no parece que ese sea el caso del Ayuntamiento de Santander. Y no porque en la Junta de Gobierno Local haya votaciones, que da igual que las haya o no las haya. Ganan siempre los “síes” y además por unanimidad.
El problema está en las políticas personales -que también las hay- y en lo que cuestan. La alcaldesa anda estos días entregada en cuerpo y alma a la promoción de su plan de reactivación económica “Santander a Punto” al mismo tiempo que su socio de Gobierno quiere otorgar la máxima difusión a los trabajos de consulta ciudadana del Plan General que arrancaron esta misma semana. Lo de la alcaldesa es muy evidente y lo de su socio naranja coincide con lo que ya dijo en reuniones de partido al afirmar que lo que pretendía con el urbanismo era “tener presencia”.
La divulgación de estas dos políticas personales, que coinciden en el tiempo con el fin de la moratoria del pago de los impuestos municipales, le van a costar al ciudadano de Santander, que anda ya preocupado por el IBI, cerca de 300.000 euros en publicidad pagada en los medios de comunicación.
En el Pleno celebrado el 28 de mayo pasado se aprobó, sin ningún voto en contra, una moción que daba 30 días al equipo de Gobierno para la presentación de un Plan de Medios que permita conocer a la oposición el dinero que se gasta en publicidad y con quién se gasta. Todavía lo están esperando.
Los soldados alemanes que ocupaban las trincheras de la II Guerra Mundial, denominaban despectivamente “Lametta” -chatarra, quincalla, oropel- a las insignias que otros, no precisamente combatientes, lucían en sus pechos.
Pues eso. En Santander sobra mucha «Lametta».



