La Feria del Libro de Santander (FELISA) vivió este domingo una de sus jornadas más polémicas después de que diversos colectivos de la izquierda se concentraran para boicotear la presentación del escritor Marcos Ricardo Barnatán. La presión ejercida por los manifestantes terminó provocando la suspensión del acto, un desenlace que supone un preocupante precedente para la libertad de expresión y el pluralismo en un evento cultural.
Entre las organizaciones convocantes figuraba Ágora Solidaria Cultura y Memoria Luis Toca, junto a otros colectivos de la izquierda que reivindicaron abiertamente el «boicot cultural» como herramienta para impedir la celebración de la presentación.
Sin embargo, la mayor responsabilidad recae en la organización de FELISA, que no garantizó el normal desarrollo de un acto incluido en su propia programación y permitió que la presión de los boicoteadores acabara imponiéndose. La feria vuelve a quedar señalada por su doble rasero, ya que en anteriores ediciones ha permitido insultos y descalificaciones hacia VOX en anteriores ediciones sin adoptar medidas para preservar un clima de respeto y convivencia.
Durante la concentración, la presidenta de Ágora Solidaria Cultura y Memoria Luis Toca, María Toca, defendió la movilización asegurando que pretendían denunciar las actuaciones del Estado de Israel, mientras que el portavoz de Interpueblos, Sergio Tamayo, celebró públicamente que la presión hubiera conseguido que la presentación no llegara a celebrarse, reivindicando el éxito del boicot.
También llama la atención el silencio del PSOE de Santander. El escritor Marcos Ricardo Barnatán es el marido de la concejal socialista Rosa Pereda y Jimmy Barnatán, que lo acompañaba en la presentación, es hijo de ambos. Pese a ello, el PSOE no ha realizado ninguna condena pública de lo sucedido ni ha defendido el derecho del autor a presentar su obra sin sufrir la presión de grupos organizados.
Lo ocurrido en FELISA deja una imagen preocupante para la cultura en Santander: una feria que, lejos de garantizar la libertad de expresión y el pluralismo, permitió que un grupo de boicoteadores condicionara su programación hasta lograr la suspensión de un acto literario. La pasividad de la organización ante lo sucedido abre un debate sobre si un evento cultural puede ceder ante la presión ideológica sin poner en riesgo los principios de libertad y convivencia que debería proteger.



