Lo constatan los datos oficiales que han apuntado los expertos en Economía de la Salud, Beatriz González (profesora de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria) y Pedro Pita Barros (Universidad Nova de Lisboa).
La crisis económica no ha provocado hasta la fecha un incremento general en los casos de suicidios en España y Portugal, tal y como constatan los datos oficiales que han apuntado los expertos en Economía de la Salud, Beatriz González (profesora de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria) y Pedro Pita Barros (Universidad Nova de Lisboa).Ambos han intervenido en la sesión plenaria ‘Un debate sobre el impacto de la crisis económica y las propuestas de reforma de los sistemas de salud en el Sur de Europa’, que se ha celebrado este jueves en el marco de las XXXIII Jornadas de Economía de la Salud.Bajo el lema ‘Crisis y horizonte de las reformas sanitarias’, esta cita congrega en Santander a más de 400 expertos nacionales e internacionales de más de una docena de países, convocados por AES (Asociación de Economía de la Salud), con la premisa de dotar de bases académicas y científicas a los responsables de las decisiones sanitarias, en los ámbitos público y privado.Desde esa perspectiva, Beatriz González ha expuesto datos que reflejan, de hecho, un descenso en el número de suicidios, que ha pasado de los 3.263 del año 2007 a los 3.180 de 2011. Es decir, en cifras absolutas, los suicidios han caído, si bien puede haber colectivos específicos en condiciones de mayor riesgo.En el caso de Portugal, ha añadido Pedro Pita, los datos sobre suicidios están “claramente” lejos de los que se registraron en la anterior crisis que afectó a este país hace diez años.En el país vecino, ha detallado el profesor Pedro Pita, sí que se ha detectado un aumento de la ansiedad y los cuadros depresivos de las personas mayores, que se sienten “preocupadas” a raíz de los últimos recortes en las pensiones.En la misma línea, las estadísticas españolas también recogen, en lugar de un incremento, un descenso en el porcentaje de población que asegura tener mala salud.Lo más “visible”, ha señalado la profesora González, es el efecto de la crisis en el medio sanitario, con incrementos de las listas de espera, recortes presupuestarios y cambios en el sistema de copago.En cualquier caso, Beatriz González ha expresado su preocupación por la reducción del gasto en educación o la supresión de figuras como los profesores de apoyo, por sus consecuencias sobre la salud y las oportunidades laborales futuras de la población infantil y adolescente.DÉFICIT COMO OBJETIVOEn sus intervenciones, ambos expertos han abogado por la introducción de criterios de Buen Gobierno de la Sanidad y transparencia en la gestión, y han alertado de que el “riesgo mayor” es que se “invierta la fórmula” para que se vea el control del déficit como “un objetivo final” en lugar de como “un instrumento”.También han advertido de los problemas que pueden suponer futuras medidas de ajuste en sus respectivos países.Así, la profesora de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria ha advertido del “riesgo real” que se corre, sobre “lo que va a suceder en el futuro”, esto es, con las próximas medidas. Tal y como ha explicado, los primeros recortes fueron “más fáciles de llevar a cabo”, al centrarse en “ineficiencias evidentes” en el sector público. “Pero superar eso empieza a plantear peligros y preocupaciones”, ha avisado.El portugués ha puesto el ejemplo de su país, donde vaticina que el plan en materia de personal sanitario, cuya presentación está prevista para este verano, acarreará una fuerte “resistencia” entre los funcionarios del país, que alcanzan la cifra del millón de personas.Pita también ha recordado que el 80% de las medidas del Memorandum of Understanding (MoU) para Portugal se habían planteado con anterioridad, en los últimos 15 años, aunque no se han terminado de poner en marcha hasta la actual crisis.TASA SOBRE LAS BEBIDAS AZUCARADASDentro de la línea de evaluación científica de medidas sanitarias de las Jornadas de AES, expertos participantes han analizado cuestiones como la propuesta de una tasa sobre las bebidas azucaradas, que puede tener un efecto disuasorio y evitar así un consumo excesivo que en los últimos años ya se está traduciendo en problemas de salud.Este ha sido uno de los asuntos analizados en la mesa ‘Fundamentos económicos de las intervenciones de salud pública’, organizada de forma conjunta por AES (Asociación de Economía de la Salud) y SESPAS (Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria).En ellas se han abordado las consecuencias del consumo de productos como el tabaco, el alcohol o las bebidas azucaradas sobre la población, desde una doble perspectiva: tanto el aumento de las enfermedades como las repercusiones económicas de estos problemas sanitarias y la consiguiente pérdida de productividad.Para estos expertos, resultan decisivos factores como la adopción de hábitos de vida saludables, pero también otras medidas que afectan al conjunto de la sociedad: una adecuada política fiscal y de precios que limite el acceso y consumo de estos productos, junto a medidas que incidan en la publicidad o la prevención.Mientras que en las políticas relacionadas con el alcohol o el tabaco existe un amplio abanico histórico de medidas adoptadas para prevenir o disuadir de su consumo, en el caso de las bebidas azucaradas, se trata de una preocupación que ha surgido más recientemente y que se caracteriza por una especial complejidad, ya que no son productos que resulten tóxicos, pero tampoco son de primera necesidad.La propuesta de tasa a las bebidas azucaradas resulta extremadamente compleja, por afectar directamente a los intereses comerciales de las empresas del sector, aunque también encontraría otros problemas: corre el riesgo de convertirse en una medida más recaudatoria que preventiva, lo que podría compensarse destinando estos ingresos para tratar los problemas que a la sanidad ocasiona el tratamiento de la obesidad.



