UN REAL DECRETO establece normas para la producción, designación, presentación y etiquetado de «determinadas bebidas espirituosas», entre las que se se encuentran los orujos.
La norma está clara. Y ya está en vigor. Todos los productos regulados deberán presentarse y comercializarse debidamente envasados y etiquetados. Queda, además, según dice el Real Decreto, «expresamente prohibido el trasvase o rellenado en los establecimientos de venta, mayoristas, detallistas, cafeterías, bares, tabernas, restaurantes u otros establecimientos de consumo colectivo». Es decir, el anónimo chupito de la casa debería tener los días contados.
La normativa está en vigor desde finales de marzo. Que se haga cumplir es otra historia. Desde el consello regulador quieren poner fin a este tipo de fraude. Reclaman el apoyo de la administración para acabar con una situación irregular con repercusiones negativas -reales o potenciales- en el ámbito sanitario, fiscal, económico y también en el de la imagen turística.
IMPUESTOS Y MARCA
Pendiente el sector de esta medida, las empresas productoras de orujo han empezado los contactos con la administración para que se cumpla estrictamente. El objetivo, evitar que se vendan botellas de aguardientes y licores sin etiqueta. Somos conscientes, y el ciudadano debería serlo también, de que la práctica del relleno, muchas veces unida a la evasión de impuestos, al riesgo sanitario y a la falsificación de producto, no solo perjudica a las empresas que han luchado siempre por producir unos aguardientes y licores de calidad, sino también a la imagen, en este caos de Liébana. Por ello, este RD puede ser positivo si aplicando las medidas previstas se evita el el daño que se produce con el relleno, que a decir de los expertos es incalculable.
Ahora bien, sería preocupante que significara otra vuelta de tuerca para impedir que las familias puedan producir el orujo para el consumo familiar, tal y como viene marcando la tradición. Un orujo siempre de excelente calidad, lejos de ese otro que hay que combatir del relleno que tanto daño hace a la industria orujera.



