Nada más empezar esta crisis sanitaria ya lo apuntó el doctor Cavadas y le llamaron al cirujano exagerado por decir que nunca desde China nos dirían la verdad. ¿La sabremos algún día?
Aquí seguimos cerrados a cal y canto sin saber cómo llevan los científicos las investigaciones. Lo que sí estamos a punto de conocer es el origen de esta pandemia. Nos dijeron que el murciélago o el pangolín podrían haber tenido la culpa. Sin embargo, paraDonald Trumpel origen está en el laboratorio de Wuhan. Según la Fox News fue un trabajador de la instalación el origen de todo. Detrás de esta empresa informativa sabemos que están los dineros de Trump. Sin perder eso de vista, asegura la Fox que el gobierno chino ha ocultado y manipulado datos para tapar y ocultar la verdad. Nada más empezar esta crisis sanitaria ya lo apuntó el doctorCavadasy le llamaron al cirujano exagerado por decir que nunca desde China nos dirían la verdad. ¿La sabremos algún día?
Sigue la catarata de contagiados y fallecidos. Estoy conConstantino Mediavilla, el presidente del grupo Madridiario. ¿No son suficientes casi 21.000 fallecidos para poner un crespón negro en nuestras banderas? La ministraMaría Jesús Monterodesperdició una oportunidad de oro en la rueda de prensa del viernes para decir, no soy yo nadie para tomar una decisión de ese calado pero si soy dueña de ponerme un lazo negro en mis comparecencias”. Pero no dijo eso, alegó a lo que ya expresó el presidenteSánchez: “que cuando todo acabe, se hará un gran acto de Estado”. ¿Y ya está? Pero de aquí a que acabe puede haber un largo trecho y ¿mientras tanto?
Sinceramente creo que la política es eficacia y rapidez en la toma de decisiones pero también son gestos. Hay 21.000 familias que no han podido arropar a sus seres queridos en el trance de la muerte; tampoco han podido velarlos y ya no digamos enterrarlos con todos los honores.
Las comparaciones son odiosas pero pensemos en las grandes catástrofes aéreas, como la última de agosto del 2008 con aquel avión que se estrelló en plena maniobra de despegue en el aeropuerto de Barajas — me refiero al McDonnell Douglas MD-82– hubo 154 muertos y 18 supervivientes. Fue una auténtica tragedia. Muchos de los que salvaron la vida, aún hoy tienen secuelas. Hagamos cuentas extrapolando los datos del avión de Spanair a la tragedia que tenemos en ciernes, es ¡cómo si se hubieran estrellado 136 aviones! ¿Todavía no nos damos cuenta de la tragedia que estamos viviendo? ¿Qué hay de sectario en rendir culto y homenaje a nuestros muertos? Las víctimas no son ni de derechas ni de izquierdas. Son eso, víctimas de algo todavía desconocido hasta para los científicos.
Por cierto, seguimos incrementando la cifra de contagiados y fallecidos entre nuestros sanitarios. Hoy hemos conocido que el jefe del servicio de Cirugía General y de Aparato Digestivo del Hospital Universitario La Paz,Joaquín Díaz Domínguez, de 64 años, falleció el sábado. Este cirujano llegó a ser director médico del Hospital y era profesor de la Universidad Autónoma. Llevaba más de cuarenta años ejerciendo la Medicina. Se contagió de coronavirus en el propio centro médico. Todos los trabajadores le han dado un aplauso sentido nada más conocer la noticia.
No hay palabras. Se quedan pequeñas. Vayamos a los gestos. Esas pequeñas cosas que nos hacen empáticos. Acompañar en el dolor no nos hace débiles, nos hace personas. Ya lo decía Kipling en su famoso poema “If”: “Si puedes mantener la cabeza en su sitio cuando todos a tu alrededor la pierden y te culpan a ti. Si puedes seguir creyendo en ti mismo cuando todos dudan de ti, pero también aceptas que tengan dudas. Si puedes esperar y no cansarte en la espera…Si puedes forzar tu corazón, y tus nervios y tendones a cumplir con tus objetivos mucho después de que estén agotados y así resistir cuando ya no te queda nada, salvo la Voluntad que les dice: ¡Resistid!…¡ serás un Hombre hijo mío!”. El “Sí” de Kiplin cura corazones. ¡Buen día!
26 DE ABRIL
Cada día debe tener su afán. Hoy lo tiene. Con el sol irá llegando poco a poco la posibilidad de salir de casa aunque sea con la bombona del agua en la cabeza y sigamos dándonos codazos en lugar de besos. Es igual. Salir y pasear por la calle. Tengo la impresión de que se me ha olvidado andar. Ya no pasilleo, ni hago bicicleta estática. Nada. Llevo así una semana. Huelga de músculos caídos.
Esta tarde, sin embargo, veo algo de luz en este túnel. A las ocho de la tarde me subiré a la bicicleta al ritmo de las grandes estrellas de la música que se unirán al macroconcierto organizado porLady Gagay la Organización Mundial de la Salud bajo el título:”Un mundo: juntos en casa”. DesdePaul McCartneya losRolling. DesdeElton JohnaStevie Wonder. Estarán leyendas de la música y habrá grupos emblemáticos de todas las generaciones. Escucharemos aCeline Dion, Michael Buble, Luis Fonsi, Jennifer López, Anitta…el gran pianista chinoLang Lango el cantante y músico italianoAndrea Bocelli.
Quiero pensar que habrá algún español pero no he logrado saberlo. Lo espero. No habrá escenario, ni público cantando las canciones frente a ellos. Estarán solos, aunque con millones de personas mirando a través de distintas plataformas. Ese es el gran milagro de la música, capaz de aunar corazones por una misma causa: La lucha contra el coronavirus. Serán ocho horas de música. El anterior que aunó a los más grandes, fue en el año 85 contra el hambre en África. Todos abrirán sus casas y nos adentraremos en sus hogares para verles y escucharles. ¡Planazo a través de Facebook, Twitter o YouTube! Dice Lady Gaga que la idea es recaudar dinero antes del concierto porque cuando comience solo desea que disfrutemos del espectáculo.
Hoy sábado ilusionante. Mi queridoHermidahablaba mucho a sus pupilos de unir corazones en un mismo fin. Lo decía en latín:Sursum corda. “¡Levantemos el corazón! O ¡Arriba los corazones!”. Pues eso. No queda otra. Seguiremos peleando, haciendo la vida fácil a los demás, ayudando dentro de nuestras posibilidades que son muchas, cuidándonos y protegiéndonos…Es mucha tarea para un fin de semana musical. ¡Lo vamos a conseguir! ¡Ya queda menos, amigos! ¡Sursum corda! Bonito día para convencernos que vamos a ganar esta “guerra”. ¡Aaaaaarriba!
17 DE ABRIL
Hoy con fallecidos y contagios en las estadísticas hay que empezar a pensar en la desescalada. La palabreja se las trae, pero todos entendemos que después de subir un “Himalaya” hay que descender. Según los montañeros, en los descensos, en la desescalada, es dónde se producen el mayor número de accidentes. Por lo tanto, la desescalada debe ser con mucha precaución porque podemos precipitarnos y volver hacia atrás.
El tema de los niños sigue siendo polémico. Hay quién cree como el vicepresidenteAguadoque los niños deben empezar a salir una hora al día al menos. Muchos piensan que si no es así, tendrán problemas psicológicos en el futuro. Sin embargo, otras voces, como las del Servicio Epidemiológico de la Dirección General de Salud Pública de Madrid, desaconseja la flexibilización en las salidas de los más pequeños ante el riesgo de contagio por el coronavirus. Apelan desde esta dirección a la prudencia.
Eso con respecto a los niños, que son los menos afectados en esta crisis sanitaria aunque pueden ser transmisores. Imagínense con los mayores, las salidas “ni se las ve ni se las espera”, frase acuñada porSabino Fernández Camposen otras circunstancias también graves pero de otra índole. A quién dice que a las personas de edad se les va a aconsejar que se queden en casa más tiempo que al resto. Está claro que las autoridades tienen miedo a esa segunda oleada de coronavirus anunciada. Menos mal, que los mayores, a diferencia de los niños, están acostumbrados a sacrificarse y han pasado tantas batallas, que ésta la llevan con una dignidad digna de ensalzar.
En julio jóvenes y mayores podrán salir del confinamiento. Todo hace pensar que así será si conseguimos aplacar la maldita curva de la pandemia. Aunque seguiremos con las precauciones a las que nos hemos acostumbrado, distancia de seguridad, lavado de manos, mascarillas…Esto será así y cuánto antes lo asimilemos mejor. Ya entre los amigos no decimos eso de “un beso fuerte”, ahora decimos: “bueno, ¡un codazo sonoro!”. Ya lo verbalizamos como algo nuestro, natural.
Hoy quiero acabar con los que ya han “desescalado”, los que ya están en la calle como el padreGonzalo Gutiérrezque pasó de trabajar en el Vaticano a la Cañada Real hace seis años. El padre Gutiérrez está en el Barrio de San Juan de Dios y cada día reparte comida a las familias más necesitadas. Su día comienza descargando camiones y termina ayudando a estas familias en todos los sentidos. A algunos de sus miembros también les enseña a escribir y a otros les apoya con la palabra, haciendo más de psicólogo que de “pater”. No le ayuda nadie, ninguna gran institución me refiero. Son pequeñas empresas las que le están proporcionando el sustento para ya más de mil familias. Esto está pasando en Madrid. Este es el trabajo callado de otro héroe del que nadie habla. Acabo con una frase suya: «Tengo la mayor de las riquezas…ayudar a los pobres”. Amén.
JUEVES, 16 DE ABRIL
Dice el ex presidenteFelipe Gonzálezque “el error en política es perdonable pero que lo que no es perdonable es la estupidez”. Pide que funcionen los parlamentos telemáticamente porque lo que no se puede interrumpir es la vida democrática y la toma de decisiones para legislar. El poder legislativo lo tiene el parlamento, sede de la soberanía nacional. Por lo tanto, todo parado, no. La política debe seguir su curso y más en estos momentos de máxima gravedad.
Y seguimos a vueltas con los datos que no cuadran. Los datos recogidos por la Consejería de Sanidad de la Comunidad no son los mismos que recoge el ministerio. ¿Pero por qué? Dicen que el motivo está en los fallecidos en las residencias y en sus propias casas. El ministerio no recoge o no quiere recoger aquellos que han fallecido con síntomas compatibles con el Covid-19. En total, la cifra de fallecidos en Madrid compatibles con el coronavirus se dispara hasta los 11.525 casos. Por favor, necesitamos saber la magnitud de la situación que estamos viviendo.
Entre medias siempre la gente, la buena gente que se deja la piel con cada enfermo, con cada anciano, con cada persona necesitada en esta pandemia que ha sacado lo mejor de nosotros mismos. Quizá sea el único arcoíris entre tanto chaparrón.
Nunca me había encontrado con tantos amigos por whatsapp. He hecho grupos de amigos de la infancia, del colegio, de la universidad de joven y de la universidad de adulta. Amigos de los que no sabía nada pero ahora, estamos “reseteando” nuestra vida. Es cómo reconocer a la gente que queremos que han sido fundamentales en nuestra vida. No está mal reconocerlo aunque sea porque sentimos cerca este tsunami del virus.
Hay personas que han logrado aislarse, sinceramente no sé cómo lo han conseguido. Ayer llamé a una profesora de Instituto que me dijo que no quería saber nada del tema “coronavirus” y que ella estaba centrada en sus clases “on line”. ¡No tenía ni idea de cifras, ni de morgues, ni de contagios! ¡Nada! Ajena al cataclismo en el que nos encontramos. Creo que su salud mental estará mejor que la nuestra que seguimos paso a paso este día.
Digo yo que saldrá a la farmacia o a hacer la compra y verá el esperpento en el que hemos convertido “esa hazaña”. Ayer me llegó por Internet un video de personas que han decidido ponerse botellas vacías de seis litros de agua en la cabeza como pantalla protectora. Algunos incluso van con la escafandra de Darth Vader, a lo Star Wars. Otros se ponen bolsas de plástico en la cabeza, cuando siempre nos habían dicho lo peligrosas que son. En fin, el ingenuo humano para protegerse del virus. Ir a la compra parece una película de terror con algunos de estos “encuentros” en la tercera fase.
Todos tenemos ganas de que esto acabe cuanto antes. Por lo pronto el verano es nuestra meta. Los niños dicen que volverán a recuperar clases extras en julio. Por lo tanto, la pesadilla para comienzos del verano es posible que ya haya terminado. ¡Ánimo! ¡Un día más es un día menos!
MIÉRCOLES, 15 DE ABRIL.
Quinta semana de confinamiento y pienso que nos estamos volviendo locos de remate. Qué a una ginecóloga le hayan hecho una pintada amenazadora en su coche, dentro del garaje de su casa, en Barcelona…donde se puede leer “Rata contagiosa”, es de estar muy mal. Esto es muy español pasar del premio a la crítica, del aplauso a la piedra. Podríamos decir que se trata de un comportamiento clásico del ciudadano español. Primero el premio y después el insulto. El “mal” que hace la ginecóloga, como médico, es acudir cada día al hospital porque hay embarazadas que dan a luz, mujeres que tienen todo tipo de problemas y que en esta crisis, también hay que atenderlas.
O esa otra empleada del súper que hace nuestras cestas de la compra y cuando llega a su casa se encuentra un cártel de un “gran vecino” que le dice que se vaya a otro lugar porque les va a contagiar. Esos mismos que luego llaman y exigen su cesta de la compra. ¿Cabe más “burrez”, más insolidaridad?
Ahora estamos en la segunda parte de este confinamiento y es cómo gestionar el miedo. Por eso, hemos pasado del reconocimiento a todos aquellos a los que hemos aplaudido a rabiar; a quererlos lejos de nuestras casas. No son bien recibidos porque creemos que nos ponen en peligro. Miren, no puedo. Me saca de mis casillas este tipo de comportamientos.
Me cuentan también que a un enfermero le han puesto en la puerta de su casa un papel escrito a mano dónde le dicen que no aparezca por allí, por la vecindad. Luego, caemos enfermos del covid-19 o de cualquier otra enfermedad y exigimos que nos atiendan con eficacia, celeridad y afecto. El caso es que aunque les pongamos papelitos en sus puertas, lo seguirán haciendo con la misma dedicación de siempre. Son de otra pasta, su generosidad parece no tener fin.
Qué diferencia de trato a la hermana de una amiga que está pasando la cuarentena sola en casa y su vecina, médico, le deja la compra en la puerta de casa. Le pregunta mañana y tarde cómo se encuentra y la va evaluando conforme va superando la enfermedad. Sin papelitos. Tratándola como merece cualquier ser humano.
Y el cartero de mi casa que sigue yendo de aquí para allá, me ha preguntado por el telefonillo que cómo llevo el confinamiento. Le he dicho que “sobrellevándolo dignamente”. He aprovechado para aplaudirle porque también es “mi héroe”. No ha dejado de traer cartas en estos tiempos dónde nadie escribe. Bueno, mi banco, sí.
Y si ya nos faltaba poco para este “tsunami”, los astrónomos nos hablan de “Oumuamua”, el cometa interestelar que de chocar con la tierra, nos habría destruido. ¡Uff! Menos mal que va a pasar a miles de kilómetros de nuestro planeta, tantos como 16 veces la distancia entre la luna y la tierra. Como diría mi amigoJuan Carlos Pérez de la Fuente: “¡bueno, ya basta! ¡Hasta aquí hemos llegado!”. ¿Qué tal si cuando acabe este confinamiento celebramos el año 2021? No estaría mal adelantarlo. Por favor, acabemos con el año de la rata. El capicúa no nos ha ido bien. Pasemos al siguiente. Todo para no enloquecer más de lo que ya estamos. ¡Ánimo! ¡Saldremos de ésta!


