Le conocí cuando vino a proyectar casi a ojo una visera metálica para el comercio de Ruamayor en donde yo estaba. Alto, moreno, trabajador, riguroso y entusiasta.
BOLADO PAÚL, TÉCNICO Y ORGANIZADOR
Hay amigos que entran en la categoría de la fraternidad. Uno de ellos es José Domingo Bolado Paúl, de una meritoria carrera universitaria iniciada por libre a los 32 años. Nació en 1943 y vivió de soltero en laCuesta de la Atalaya, núm. 25,en una familia ejemplar y tiene dos hermanos y 4 hijos. Para unos Bolado Paúl, para la mayoría Paúl, para mí Pepe.
Su trayectoria profesional -de abajo arriba, nada gratuito- es totalmente ejemplar. Tras haber pasado por los Salesianos no lejos de su casa y en donde hizo Oficialía, pasó en Peña Castillo a estudiar como maestro industrial y luego, ya lo he escrito, Ingeniero Técnico Industrial. Cuando ya tenía dos hijos con la difunta Mercedes Castro, estaba trabajando y se le daban muy bien los números.
Le conocí cuando vino a proyectar casi a ojo una visera metálica para el comercio de Ruamayor en donde yo estaba. Alto, moreno, trabajador, riguroso y entusiasta. Entonces no podíamos sospechar que la vida nos iba a reunir por bastantes años como compañeros en la empresa Nuclenor, S.A..
Menos podíamos suponer que íbamos a entrar en el afectuoso lazo de una amistad duradera. De esas que no hay que cultivar ni siquiera renovar aunque no nos encontremos o veámos por un tiempo porque sabemos que “ahí” está siempre el otro.
Anécdotas sobran además de la categoría amistosa. Todavía recuerdo la “hazaña” bruta de cuando íbamos a subir juntos un frigorífico nuevo de 200 litros a su casa de entonces en el edificio núm. 70 de la calle Alta. En el primer piso,por la incomodidad de las escaleras, aunque me temblaban un poco las piernas, decidí subirlo yo solo al séptimo piso.Le encantaba contarlo. Bruto de mí, ahora me cansaría más hacerlo andando.
El hizo otras cosas por mí igualmente. En cierta ocasión me dejó su automóvil para ir a Francia con mis tres hijos. En otra no falta anécdota cuando vino a General Dávila para instalar una escalera de caracol en mi piso de entonces para dar acceso a la estancia superior y convertirlo en duplex. Tenía que abrirse el forjado, pero el albañil se descuidó sobre el bloque en que estaba sentado cayéndose y rompiendo la tubería. Tras la involuntaria avería, Paúl se hizo cargo, nada más grave pasó, y auedó la elegante escalera perfectamente instalada.
Aparte de estos percances, Bolado Paúl es conocido como ex Gerente del Racing (entre los años 82-87) y fundador del “Club de Remo Ciudad de Santander”, en donde estuvo 17 años cuando participaron bien con 49 banderas, ganaron el campeonato de España de trainerillas y fueron de los primeros en traineras en Villa de Bilbao y en Galicia (Meida).
Tanto en la vida profesional como en su paso por el deporte nada le regalaron. Antes de “Talleres Cervera”, Pepe había trabajado en un taller en Maliaño y había sido troquelista en Eibar. Y antes de meterse apasionadamente en el Racing (con amigos como Julio Cabrero-padre y Cagigas o Pedro Reigadas) y en las traineras (con José Bolado Muñíz), ya había jugado al fútbol playero desde el colegio de los salesianos y había entrenado 7 años sin ficha con “El Guarnizo”. Disciplinado, de mente sana en cuerpo sano aunque no es nada fácil torcerle el brazo cuando se carga de razones y toma una posición.
En la empresa nuclear de Santa María de Garoña ambos hicimos por separado todo el recorrido desde la más baja categoría hasta Técnico Superior él y yo equivalente en la Administración.Quizás por ser distintos hemos sido bastante complementarios. Bueno Paúl para los números, para control contable de gastos y plazos, él era el organizador ideal de comidas de empresa y yo un poco “entretenedor” con alguna recitación poética y mis aficiones literarias. Gozamos, en general, de la simpatía de nuestros compañeros y sin duda de la comprensión de Federico del Pozo, el director reinosano a quien siempre hemos reconocido su comprensión práctica. Bien sabía, además, que además de cercanos como compañeros, éramos cómplices como amigos.
Después de mencionar que tuvimos intensa experiencia en la “mili” obligatoria, Paúl en el Sahara, con destino en Smara -la ciudad santa mora-, por ser de Transmisiones hubo de conocer todos los destacamentos llegando incluso hasta la frontera de Mauritania, y yo en la Marina, tampoco expresamos ninguna queja de la experiencia.
Pero también contaré finalmente un sucedido extraño que vivimos. Un día que estaba libre me acompañó a la frontera navarra de Dancharinea por mi trabajo como responsable ante las autoridades de la carga de combustible irradiado que, procedente de la provincia de Burgos, vía Francia por carretera y en barco, se destinada luego areprocesamiento a Inglaterra.
Fuimos a pasar un buen rato con mi coche a Bayona, pero un par de individuos nos “pararon” sin motivo en la carretera general francesa cruzando ilegalmente el suyo e interrogándonos de muy mala manera. Gracias a su calma, no salí de mi vehículo a suerte o a muerte. Justo en el peor momento mostró la necesaria serenidad. Salimos bien parados, o sea velozmente.
En fin, Paúl no podía faltar en esta rememoración de amigos. Ahora cultiva cerca de Liencres una huerta y lee al sol sin discutirle casi nada a su segunda mujer, Charo, a quien facilité en su día entrar en la UIMP en la Magdalena cuando trabajé para el brillante rector Raúl Morodo y ha permanecido 37 años en la institución.
Es una gran suerte, en definitiva, haberle tenido un compañero de trabajo y mantener un amigo como él, de los que no fallan cuando tienen que estar presentes. Fortuna Impagable, no lo dudo.



