Carmen Polo de Franco, organizaba y presidía los Festivales Benéficos Navideños, unos espectáculos de variedades en donde convocaba a los artistas del momento, que cumplidores ellos acudían al besamanos. A ver quien decía no a la esposa del dictador…
Esta tendencia se ha mantenido a lo largo de los años, aprendieron que se está mejor cerca del poder, así tenemos que desde los artistas hasta los árbitros de partido disimulando para que se les note poco y junto a ellos los hábiles expertos en descifrar primero y canalizar luego subvenciones vía BOE. Dispuestos a defender lo que sea.
Peregíles de todas las salsas siempre que estas se encuentran convenientemente condimentadas por quienes tienen la capacidad para otorgar subvenciones, financiar exposiciones, producir montajes cinematográficos y teatrales o empujar alimenticios circuitos de conferencias, que aunque pueda sorprender, o no, que tanto el activismo como la coherencia están en función de quien otorga, aunque en estos momentos algunos, utilizando su propio neo leguaje, más que artistas se han convertido en «Fondos buitre».
Entre los «Artistas orgánicos» la coherencia no forma parte de sus prioridades intelectuales , si algo les caracteriza es que saben cabalgar muy bien sus contradicciones, eso sí, como aparecía en uno de los diálogos en la inolvidable película Fordiana, The Searchers : «Por un precio, siempre por un precio».
Todo esto es posible en España porque los dineros destinados a engrasar las posiciones del artisteo son abundantes que repartidas con prodigalidad hacen que algunos defiendan posiciones socio políticas con vibrante energía. Está en juego la manutención.
En España los dineros de los contribuyentes que se dedican a tener en situación de disponible a los cómicos son amplios, sus cantidades hacen entendibles posturas como la de aquella fina intelectual, carne de televisión y exposición de miserias personales cuando dijo : «En dos palabras, yo por mi hija ma – to».
Para entender realmente lo que se mueve en el ecosistema kultural basta ver el dinero que los contribuyentes españoles, que no es poco, ponen a disposición del cine, el teatro y artes escénicas en general.
Con datos de 2025 se conoce que las subvenciones directas superaron los ciento treinta millones de euros, aunque las cosas no quedan aquí, sin más, existe otra vía que no llama tanto la atención entre el común pero que es vital en todo este entramado : Las deduciones fiscales. Estas, delicadas a la producción de cine, series , teatro y espectáculos suponen un coste fiscal efectivo cercano a los doscientos cincuenta millones de euros, lo que lleva a comprender mejor que el negocio no está en hacer cine, películas, teatro o espectáculos como proyectos en busca del éxito, sino en hacerlo para que lo subvencionen por una parte y poder acogerse a ventajas fiscales por otra. De realizar un producto artístico que interese a la gente y esté dispuesta a gastarse su dinero comprando una entrada, hablamos otro día.



