Titulada ‘Ricardo López Aranda, 1934-1996. Autor público y escritor íntimo’,
La Biblioteca Central de Cantabria acoge desde este miércoles, 18 de agosto, y hasta el 18 de octubre una exposición sobre el autor de teatro Ricardo López Aranda. Titulada ‘Ricardo López Aranda, 1934-1996. Autor público y escritor íntimo’, se repasa la faceta del autor de teatro en sus diferentes etapas y también en otros géneros como el cine y la poesía.
Cultura del Gobierno regional ha explicado que la idea de esta exposición surge tras la donación que la familia López Aranda Jagu realiza, en 2019, al Gobierno de Cantabria de la obra poética inédita de este creador para su conservación en la Biblioteca Central, y ha sido diseñada por el personal de la BCC con la dirección y colaboración de los hijos del escritor, y de diversas instituciones como RTVE, el Centro de Documentación de las Artes Escénicas y de la Música del Ministerio de Cultura y Deporte, y el Archivo General de la Administración.
La muestra se divide en los ejes temáticos que recorren el Teatro, donde repasa sus diferentes etapas: Teatro realista, Teatro de la crueldad y teatro alegórico social, Teatro histórico, Adaptaciones de clásicos y Teatro infantil, y otros géneros, como el café teatro, el cine donde adaptó su obra teatral Cerca de las Estrellas, y la poesía.
En ella se pueden ver documentos y objetos personales del autor, manuscritos de sus obras, algunas inéditas, carteles de las representaciones teatrales, de las películas de cine, discos de canciones infantiles, vestidos de sus representaciones teatrales, bocetos de vestuario y escenografía, audiovisuales con sus entrevistas o expedientes de censura, entre otra documentación.
Además, se programarán actividades complementarias a la exposición como la lectura dramatizada de la obra Los extraños amantes, a cargo de La Machina, y conferencias sobre su faceta como poeta, autor de teatro y guionista de cine y televisión.
Ricardo López Aranda (Santander, 1934-Madrid, 1996) fue uno de los autores de teatro más destacados de la generación realista liderada por Antonio Buero Vallejo. Es autor de más de 60 obras, entre originales, versiones y adaptaciones, por las que obtuvo importantes reconocimientos como el Premio Nacional de Teatro Calderón de la Barca, el Premio Aguilar, y el Premio Maria Rolland, entre otros. Además, realizó numerosos guiones para televisión y cine, y se adentró en el mundo de la novela y la poesía, facetas que mantuvo ocultas al público.
LÓPEZ ARANDA, GENIAL CONEXIONISTA Y GRAN DRAMATURGO. Por Jesús Pindado
Lo que mejor y más recuerdo de Ricardo López Aranda, dramaturgo cántabro sobre todo, pero también poeta, es su mirada y su letra. Su doliente libro poético al hijo que perdieron él y su mujer.
Ricardo tenía infinidad de supuestos amigos, multitud, y no voy a competir con nadie. Pero lo fue mío de verdad. Cultivaba el trato a distancia y cercano. Lo hizo extenso, además, a su extraordinaria mujer, la francesa Germaine Jagu y a sus dos hijos, Verónica y Richard, actual embajador de España en Costa de Marfil.
Los negros ojos de Ricardo eran de mirada penetrante y como de iluminado o psiquiatra. Su letra estirada, bella y clara, de párrafo claro y afectuoso, atento siempre a las novedades y a la amistad consolidada.
Había estudiado en el seminario de Corbán y Derecho, pero lo suyo fueron las letras, el teatro y las colaboraciones en televisión. Con la obra de crítica social “Nunca amanecerá” en la onda de Buero Vallejo (a quien también traté y de quien conservo correspondencia) obtuvo Ricardo su primer premio nacional al ganar un concurso del SEU.
Ricardo era como persona muy trabajador, apasionado y uno de los mayores conexionistas que he conocido en mi vida. Antes de los móviles. Tenía una memoria prodigiosa para relacionar a personas, situaciones, amistades, amores y agravios. En la vida como en el teatro.
En 1960 ganó Ricardo el prestigioso premio teatral “Calderón de la Barca” con su primorosa obra de naturalismo crítico y social “Cerca de las estrellas”. Echa a vivir para las tablas en alarde de unidad y acciones simultáneas a treinta personajes subrayándose con comprensión y gran ternura (cualidad indiscutible) la figura de Juan y su familia, condenados en un ambiente suburbial y sin posibilidades de mejora social.
Con la obra “Noches de San Juan”, que le proporciona en 1964 el éxito del premio nacional “Lope de Vega”, López Aranda insiste en la puesta en escena del drama social español en que los jóvenes están condenados a heredar y repetir el mísero destino de sus mayores. Como algo de rezumo zoliano.
Empiezo yo a tratarle antes justamente de sus obras “Isabelita la miracielos” (1978) y en la época de “Isabel, reina de corazones” (1983), en la que será la protagonista Isabel II, encarnada magistralmente por Nati Mistral, a quien conocí por él como también a la gran Conchita Velasco. Eran las historias amorosas de una chica simple y del regreso al Escorial de la reina borbónica española desterrada en París.
Cuando venía Ricardo a Santander siempre me visitaba en mi oficina de Hernán Cortés o donde estuviese. También prodigaba simpatía para mi compañera y amiga Azucena Osorio, a cuya familia conocía. Y cuando yo iba a Madrid, le llamaba y acababa en la Ciudad de los Periodistas, en su piso de Virgen de Aránzazu, 23 , en donde Germaine nos preparaba la cena, participaba ella con muy inteligentes observaciones y nos dejaba continuar sobre lo divino y lo humano. No faltaba la política y otros asuntos, pero la mayoría de las veces tratábamos sobre Tirso de Molina, Beckett, Artaud, Ibsen, Miller u otros varios dramaturgos. Sin orden. Lo había leído todo, lo explicaba muy bien y yo trataba de aprender aunque también le incentivaba sin mala intención y contrariando atrevidamente algunas de sus opiniones. Osadía que él premiaba, para colmo, valorando mis opiniones.
Nunca dejamos de tratarnos. Tenía Ricardo un gran sentido de la amistad y una alta valoración de mis provincianas y críticas colaboraciones periodísticas. (Sería ruborizante buscar sus cartas y mostrarlo).
Fui en su coche con Antonio Zúñiga, invitados ambos al exitoso estreno de “Isabel, reina de corazones” y ambos me dijeron con quién me gustaría sentarme. Como ese verano me había encantado una conferencia de Fernando Suárez en La Magdalena, les dije que junto a él y allí me acomodaron, no lejos de Gustavo Pérez Puig y de Emilio Romero. Me sentí muy bien.
Antes de publicar su conflictivo “Lutero” me mandó el original para conocer mi opinión. Quizás sea su mejor obra por la carga histórica, religiosa y existencial del controvertido personaje. Le dije que, por favor, no la estropease haciendo más cambios. Escrita en 1963, difícil de representar, aborda los intereses encontrados de la época, las posturas del Papa León X y el Emperador Carlos V y la soledad e introspecciones y dudas de conciencia del teólogo y fraile agustino alemán del XVI.
En un momento dado enlazo a Germaine con el poeta y crítico cántabro Arturo del Villar y de dicha relación sale otro de los magníficos libros de Arturo, la llamada “Biografía secreta” de Ricardo López Aranda que todavía no he leído. Cosa rara pues tengo la mayoría de los de Arturo.
Hasta su muerte he tratado a Germaine, traductora y culta, profesora de francés en el Ministerio del Ejército, paciente esposa y gran madre, amiga entrañable. Delante de mí tengo su tarjeta del año 2003 en que me informa del avance de un libro sobre Ricardo “muy adelantado” y de que me promete darme más explicación a su vuelta de un viaje de trabajo a Managua. Sí, gran discreta mujer para el inquieto, el genial e incansable conexionista amigo que parecía recuperarse cuando se encontró con la muerte.
Ricardo dejó más obras inéditas. Trabajó mucho y bien. Nunca dejó de cultivar las relaciones de multitud de amistades y conocidos. Profesaba gran respeto por los profesores y la vida intelectual. Nunca he dudado de su simpatía, afecto y, sobre todo, de su gran confianza. La que nos obliga, por cierto, a guardarnos las mejores confidencias.
BIOGRAFÍA PARA EL DICCIONARIO DE LA REAL ACADEMIA DE HISTORIA
López Aranda, Ricardo. Santander (Cantabria), 20.XII.1934 – Madrid, 25.XI.1996. Dramaturgo.
Cursó estudios iniciales en el colegio de San José y en los salesianos y en el instituto público de su ciudad natal. En 1941 presenció el incendio de su barrio, catastrófico suceso que evocó en varias obras. En 1953 empezó a escribir poesía, aunque ésta, como alguna novela, no la publicó. Llegó a obtener el Premio “Garcilaso” con el poemario Ángeles de barro, en 1956. En 1955 inició estudios de Letras y Derechoen la Complutense, que no acabó. Vivió en el colegio mayor Santa María, en donde tuvo contacto con el teatro universitario. En 1956 realizó el servicio militar en Madrid y empezó a componer sus primeros dramas y el libro de ensayos El mito de la nueva juventud. En el mencionado colegio mayor realizó la lectura de su obra El faro. Era el año 1957. En 1958 recibió el Premio Nacional de Teatro Universitario por la pieza Nunca amanecerá, que publicó la revista SEU, y recibió el Premio de Periodismo “Santo Tomás de Aquino” por el artículo “Hacia una universidad mejor”. Ese mismo año escribió la novela Esta juventud que va a morir, basada en su obra teatral Los sin raíz, que es el título que finalmente adoptó la novela. Dirigió el Teatro Español Universitario (TEU) de Santander. En la revista Acento Cultural apareció su versión de Edipo.
Se suele enmarcar a este autor en el grupo de dramaturgos realistas del medio siglo. Fue un escritor bastante influido por los maestros del realismo simbólico que estaba vigente en el momento en que llegó al teatro (Buero, Sastre). Se desenvolvió inicialmente en el ámbito del teatro universitario o en los teatros nacionales debidamente controlados por el régimen censor. Y luego fue una figura escasamente rescatada durante el período posfranquista. Entre 1965 y 1971 colaboró en el departamento de programas dramáticos de Televisión Española. Autor de una obra amplia y de estética variada, que procuraba adaptarse a cada momento sociocultural y a sus posibilidades de publicación/ representación. Las primeras obras, aquellas con las que más éxito alcanzó, son plenamente realistas; mientras que en otras posteriores, de posición más claramente antifranquista, domina el recurso de las metáforas y de las alegorías alusivas a lo que no se puede aludir directamente, y no contaron con la confianza de empresarios que las asumiesen, salvo contadísimas excepciones. Se acercó también, ocasionalmente, a lo que Buero llamó “técnica de la inmersión” como recurso dramatúrgico. Y en sus varias adaptaciones de clásicos (desde Rojas a Galdós), realizadas con gran libertad sobre los originales, adoptó tintes esperpénticos y quevedescos, con pinceladas que son claroscuros y aguafuertes. Cultivó también el teatro infantil y en una ocasión hizo una incursión en la fórmula del caféteatro con una pieza de notable factura, muy superior a la media de textos destinados a aquella variedad del teatro de bolsillo, en la línea del mejor Ionesco.
En dos años, de 1957 a 1959, escribió hasta ocho obras que presentó al Premio “Calderón de la Barca” Una de ellas, Cerca de las estrellas, alcanzó el galardón en 1960, y fue estrenada en el Teatro María Guerrero al año siguiente, además de llevada al cine por César Fernández Ardavín. A partir de este primer apoyo importante, López Aranda inició un ciclo de “Teatro de la crueldad”, compuesto por textos que quedaron, sin embargo, inéditos en la escena. Obtuvo otros premios con la obra La torre de los sueños (que estuvo a punto de ser estrenada por “Dido. Pequeño Teatro”). En 1962 se hizo una lectura de La subasta de los hombres nuevos en el Aula de Teatro de Educación y Cultura del Movimiento, que dirigía Modesto Higueras. Los meses inmediatamente siguientes López Aranda se trasladó a París y continuó su labor como novelista. Entre 1963 y 1964 volvió de nuevo al teatro, recibió un accésit del Lope de Vega por su obra Noches de San Juan (que estrenó en 1965) y quedó semifinalista del Nadal con la novela Las chimeneas apuntan al cielo. En 1969 estrenó su versión de Fortunata y Jacinta y colaboró en un guión para hacer una película sobre la misma obra galdosiana. En la década siguiente trabajó en nuevas adaptaciones de clásicos (El Buscón, La Celestina) y logró el estreno de una de sus mejores comedias Isabelita, la miracielos. En 1981 vivió en México, donde trabajó para el Canal 13 de la televisión de aquel país, y, a su regreso, vio estrenada una de sus obras de mayor aceptación, Isabel, reina de corazones, inspirada en el exilio parisino de Isabel II.
Obras de ~: Nunca amanecerá, Madrid, Sindicato Español Universitario, 1958; “Edipo”, en Acento Cultural, 1 de noviembre de 1958; “Cerca de las estrellas”, en F. C. Sainz de Robles et al., Teatro Español, 1960-1961, Madrid, Aguilar, 1962, págs. 325-391; Yo, Martín Lucero, Madrid, La Avispa, 1984; Isabel, reina de corazones, Madrid, Preyson, 1985; Teatro.
Obras escogidas, Madrid, Asociación de Autores de Teatro, 1998, 2 vols.
Bibl.: Á. Berenguer, “Introducción”, en R. López Aranda, Teatro. Obras escogidas, vol. I, op. cit., págs. 11-25; B. Muñoz Cáliz, “Las subversivas S. L.: una obra prohibida de Ricardo López Aranda”, en Teatro (Servicio de Publicaciones de la Universidad de Alcalá de Henares), n.os 13-14 (junio de 1998-junio de 2001), págs. 257-265
Gregorio Torres Nebrera



