La izquierda (la extrema incluida) ha vuelto a medir sus fuerzas en las calles de Santander y el resultado ha certificado, una vez más, su agotamiento social. Ni la agitación diaria en la Plaza Porticada, ni la llamada desesperada a una «huelga general» por el problema del alquiler han conseguido arrastrar a la ciudadanía. Según las estimaciones de la delegación del Gobierno apenas 2.000 personas secundaron la manifestación de este sábado por el centro de la capital autonómica.
Esa cifra, que marca el techo absoluto del activismo socialista y comunista en Santander, evidencia que el movimiento no convoca más que a los sectores militantes de siempre. La cifra dista poco del grupo de manifestantes que el pasado sábado se movilizó contra el Galerna Fest y las plataformas patrióticas, demostrando que la capacidad de convocatoria de la izquierda en la región está completamente estancada y desconectada de las verdaderas preocupaciones de la clase trabajadora.
La abismal brecha con la respuesta patriótica y nacional
El contraste resulta demoledor cuando se comparan los datos del agitacionismo de izquierda con el músculo del patriotismo en Cantabria. Mientras las plataformas radicales celebran como un éxito reunir a un par de millares de afines entre pancartas de desobediencia, la movilización patriótica en la región demuestra una capacidad de convocatoria infinitamente superior.
Basta recordar la histórica manifestación celebrada el pasado mes de septiembre en la Plaza del Ayuntamiento en apoyo a Ceuta y en defensa de la soberanía nacional, donde más de 10.000 personas desbordaron el centro de Santander. Una respuesta multitudinaria que ya se vivió con anterioridad en las históricas protestas contra la amnistía frente a la sede del PSOE en la calle Vargas y la Plaza de Pombo, que congregaron a cerca de 15.000 cántabros en una demostración masiva de rechazo al Ejecutivo socialista y comunista.
Un discurso caduco que no cala en los cántabros
El intento del Sindicato de Inquilinas y sus colectivos afines por instrumentalizar el drama de la vivienda mediante consignas anticapitalistas y amenazas de huelga choca frontalmente con la realidad sociopolítica de la región. La ciudadanía es consciente de que el colapso del mercado inmobiliario no se resuelve con acampadas ni con la paralización del tejido productivo, sino poniendo fin a las leyes intervencionistas del Gobierno de Pedro Sánchez que han destruido la oferta de alquiler y la compra.
La jornada de este sábado deja un diagnóstico claro en la capital autonómica: la izquierda de pancarta está agotada, reducida a un núcleo duro que apenas roza los dos millares de adeptos, mientras que la mayoría social de Santander y de Cantabria mira hacia la derecha social y el patriotismo como la única alternativa real para garantizar el orden, la propiedad privada y la prosperidad económica.






