Cantabria vuelve a situarse en el foco por un suceso que afecta a uno de sus nombres más conocidos. El exciclista Óscar Freire ha sido condenado por un delito leve de vejaciones injustas tras un incidente ocurrido este domingo en una iglesia de Puente San Miguel, en Reocín.
Los hechos se produjeron tras la misa dominical, cuando Freire se acercó a su todavía esposa, con la que está en proceso de divorcio, y comenzó una discusión en el interior del templo. Según el atestado, el exciclista se sentó inicialmente en otro banco, pero poco después se colocó junto a ella e inició un enfrentamiento verbal que fue aumentando de tono.
Cuando la mujer trató de levantarse para evitar la situación, él la agarró con fuerza del brazo para impedir que se marchara. La escena continuó en el exterior de la iglesia, donde Freire profirió insultos de carácter vejatorio, entre ellos «está follando con todos», en presencia de testigos. Además, según la denuncia, le arrebató el teléfono móvil cuando intentaba contactar con un familiar, devolviéndoselo posteriormente.
Tras lo ocurrido, la víctima presentó denuncia ante la Guardia Civil, lo que derivó en la detención del exciclista ese mismo domingo por la tarde. Apenas 24 horas después, el caso fue resuelto mediante un juicio rápido en el Juzgado de Violencia sobre la Mujer número 5 de Torrelavega.
Durante la vista, Óscar Freire reconoció los hechos y aceptó la pena solicitada por la Fiscalía y la acusación particular, lo que ha supuesto una condena firme sin posibilidad de recurso.
La sentencia impone una orden de alejamiento de 200 metros respecto a su expareja, la prohibición de acercarse a su domicilio, lugar de trabajo o cualquier entorno habitual, así como nueve días de localización permanente en un domicilio distinto. Además, se han acordado medidas civiles de protección para dos de los hijos menores de la pareja.
Aunque la condena se limita a este último episodio, la denuncia describe una situación que se remonta a 2023. Según el testimonio de la mujer, la relación habría estado marcada por un control constante, con llamadas reiteradas, discusiones frecuentes y episodios de tensión, algunos de ellos en presencia de sus hijos.
También asegura haber sufrido un “acoso continuo”, con conductas de vigilancia y control sobre su vida personal, así como amenazas y enfrentamientos en el ámbito doméstico.
El caso supone un duro golpe a la imagen pública de Óscar Freire, uno de los grandes referentes del ciclismo español, que pasa de su trayectoria deportiva de éxito a verse condenado por un delito relacionado con el ámbito familiar en los juzgados de Cantabria.




