La visita de Alvise Pérez a Jerez de la Frontera ha quedado marcada por la polémica tras las cifras de asistencia que él mismo difundió y que no se corresponden con la capacidad real del espacio ni con la documentación gráfica conocida.
Pérez aseguró públicamente que al acto acudieron “2.000 personas y otras 300 se quedaron fuera”. Sin embargo, los datos oficiales del recinto utilizado desmienten de forma contundente esa versión. El evento se celebró en el entorno de los Museos de la Atalaya, dentro de los Jardines de la Atalaya, un espacio catalogado como Jardín Histórico de Andalucía y sometido a estrictas limitaciones de aforo.
Según la capacidad técnica autorizada, el espacio habilitado con disposición tipo teatro cuenta con un aforo máximo de 350 personas, una cifra que deja sin sustento los números proclamados por el activista. Incluso teniendo en cuenta zonas colindantes, resulta materialmente imposible alcanzar las cifras anunciadas sin incumplir de forma grave las normas de seguridad y protección patrimonial.
A esta contradicción se suma la manipulación de las imágenes difundidas tras el acto. Diversos usuarios han señalado alteraciones evidentes en las fotografías publicadas en redes sociales para simular una asistencia masiva, un hecho que ha reavivado las críticas sobre el uso de herramientas de inteligencia artificial con fines propagandísticos.
No es la primera vez que se producen este tipo de prácticas. En su acto de Vistalegre, Pérez ya fue cuestionado por difundir imágenes manipuladas hasta el punto de no eliminar siquiera la marca de agua de la IA, un episodio que dañó seriamente la credibilidad de su relato y que ahora vuelve a ponerse sobre la mesa tras lo ocurrido en Jerez.
Más allá del debate político, el caso vuelve a abrir la discusión sobre la exageración deliberada de apoyos mediante cifras infladas y material gráfico alterado, así como sobre el uso de espacios culturales y patrimoniales como escenario de actos partidistas alejados de la realidad que se pretende proyectar.





