La crisis protagonizada por Javier Ortega Smith dentro de Vox ha cruzado todas las líneas rojas orgánicas. Su negativa a acatar el cese como portavoz municipal en Madrid, acordado por el Comité Ejecutivo Nacional (CEN), no solo abrió un pulso con la dirección: supuso, según fuentes internas, saltarse de facto los estatutos del partido, que establecen la obligatoriedad de cumplir las decisiones adoptadas por los órganos nacionales competentes.
El CEN acordó su relevo por unanimidad, una decisión que debía ejecutarse de manera inmediata. Sin embargo, Ortega Smith optó por desautorizar públicamente el acuerdo y mantener una posición de resistencia que ha sido interpretada como un desafío directo a la estructura orgánica.
El episodio más polémico: el cese tras la maternidad
En paralelo al conflicto institucional, el exportavoz tomó una decisión que ha generado fuerte malestar interno: cesó a su jefa de prensa justo después de que regresara de su baja por maternidad, justificando la medida en que “durante la baja no trabajó”.
La explicación ha sido considerada especialmente grave por distintos cargos del partido, no solo por el argumento utilizado, sino por el impacto reputacional que puede suponer para una formación que ha defendido reiteradamente la protección de la maternidad y la conciliación familiar.
Un liderazgo aislado que solo escucha a Toscano y Ansaldo
Fuentes conocedoras de la situación aseguran que, en esta fase del conflicto, Ortega Smith habría reducido su círculo de interlocución al mínimo y solo estaría escuchando los planteamientos de Carla Toscano e Ignacio Ansaldo.
Este aislamiento estratégico habría dejado fuera a colaboradores históricos y a perfiles que apostaban por reconducir la situación. La percepción interna es que la crisis dejó de ser una discrepancia política para convertirse en una confrontación personal sostenida en un núcleo muy reducido.
Autoridad orgánica frente a desafío personal
En la dirección nacional se insiste en que ningún cargo puede situarse por encima de los estatutos ni de las decisiones del CEN. El incumplimiento de un acuerdo adoptado por unanimidad no es, subrayan, una cuestión menor, sino un precedente que pone en riesgo la cohesión interna.
Para varios dirigentes consultados, cuando un responsable político desacata los órganos de dirección, se salta los estatutos y, además, protagoniza decisiones que erosionan la imagen pública del proyecto, termina colocándose fuera por voluntad propia.
El contraste con otros silencios políticos
Mientras este conflicto interno acapara titulares, continúan abiertas otras cuestiones en el ámbito nacional, como la situación educativa en la Comunidad de Madrid bajo el Gobierno de Isabel Díaz Ayuso, donde persisten críticas por problemas estructurales y organizativos.
Algunos analistas apuntan que desde la sede nacional del Partido Popular en Génova 13 el tratamiento mediático de estas dificultades resulta mucho más contenido, lo que ha alimentado críticas sobre una distinta intensidad informativa según el foco político.
Un desenlace que parece definitivo
Entre el desacato al CEN, el salto a los estatutos, el controvertido cese de su jefa de prensa alegando que no trabajó durante su baja por maternidad y el hecho de limitar su interlocución a Carla Toscano e Ignacio Ansaldo, la posición de Ortega Smith se ha ido estrechando progresivamente.
Más que una expulsión formal, lo que muchos dentro del partido ya describen es una autoexpulsión política construida paso a paso por decisiones personales que han terminado por aislarle dentro de su propia organización.






